¿Disciplinar o Discipular?

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¿Disciplinar o Discipular?

Por Mary Liz Youtz

Disciplinar puede significar discipular, es decir hacer discípulos o seguidores, tal y como hizo Jesús.  La meta de discipular personas es ayudarles a crecer al punto de ser como su maestro (Lucas 6:40).  Esta es una gran responsabilidad.  El discipulado se enfoca en el maestro o el padre porque los niños imitan y hacen eco de lo que los adultos decimos.

¿Quién nos disciplina a nosotros?  Dios mismo lo hace. Entonces tiene sentido que observemos la forma en que Dios disciplina a sus hijos para descubrir cómo debemos disciplinar a los niños a nuestro cuidado.

Primero es el amor

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo» (Hebreos 12:5-6 NVI)

Dios está comprometido con nosotros y nos muestra su amor.  Cuando Adán y Eva, el primer hombre y primera mujer en la tierra, desobedecieron a Dios, Él pudo haber abandonado a toda la raza humana, pero fue así.  El amor no abandona.  Dios se ha comprometido a estar a nuestro lado y continuamente nos invita a tener una relación de padre-hijo con Él.  Nuestro trabajo es enseñar a nuestro niños cómo funciona la vida y entrenarlos a tomar decisiones que reflejen el amor de Dios, el cual vemos en el centro de cada una de sus enseñanzas.

Nuestras acciones tienen consecuencias

Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar. (Isaías 59:2 NVI)

Cuando seguimos el camino de Dios abrimos nuestro ser a Su presencia cercana, pero cuando decidimos apartarnos de Su camino, nos negamos la oportunidad de Su íntima compañía.  El castigo primario de Dios es la separación.  Cuando Adán y Eva desobedecieron, fueron separados de los privilegios que anteriormente disfrutaban, tales como un jardín hermoso, provisión abundante y la compañía de Dios.  No olvidemos que a pesar de que el pecado nos separa de la presencia de Dios, nunca somos separados de Su amor (Romanos 8:38-39).

Dios siempre nos muestra el camino

Dios no solamente nos dice no, sino que nos muestra cuál es la manera correcta de comportarnos:  “Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad” (Efesios 4:25 NVI).  Colosenses 3:9-10 dice, “ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios,  y se han puesto el de la nueva naturaleza”.  Dios nos muestra que las leyes internas del corazón son necesarias, no solo las leyes externas.  Cuando recibimos a Jesús, Su Santo Espíritu vive dentro de nosotros y el amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio se convierten no en leyes, sino en fruto (Gálatas 5:22-23).  Como maestros, necesitamos exhibir este fruto de Dios, quien mora en nosotros.

¿Cuál es la regla más importante? “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27, Deuteronomio 6:5, Levítico 19:18).  Dios no nos mandó a amar únicamente, sino Él nos dio el ejemplo cuando envió a Su Hijo, Jesús, a mostrarnos lo que es el amor.

Entonces, ¿cómo guiamos o discipulamos a los niños hacia determinadas forma de vida?  Primero, la dirección es externa, pero nuestra meta debe ser que nuestros niños desarrollen dominio propio, un rasgo que viene del interior.  El dominio propio es una habilidad que se desarrolla lentamente.  La meta de la disciplina es ayudar a los niños a construirlo, no que solamente estén obedeciendo instrucciones de adultos.   El respeto a la autoridad se construye en base a la confianza;  por lo tanto, construir relaciones saludables con nuestros niños les ayudará a prender a confiar y respetar.  Debemos estar dispuestos a invertir el tiempo necesario en desarrollar relaciones mientras discipulamos a nuestro niños.

La disciplina efectiva se ajusta a la edad

Los fundamentos para disciplinar y ayudar a nuestros niños a desarrollar dominio propio tienen sus bases en los primeros años de vida.  En el proceso de discipular, el maestro debe enfocar las lecciones y el ambiente a la edad de desarrollo del niño.  La gama de actividades debe ser significativa, interesante y apropiada a la edad. Enseñar discípulos requiere planificación diaria.

Es esencial establecer relaciones de confianza con los bebés durante el primer año de vida.  En algún momento entre el primer y segundo año de vida, esa persona a quien antes considerábamos solo un bebé de pronto aparece en escena como una persona plena, con deseos y necesidades muy específicas.  Cuando los niños pequeños se comienzan a mover por si mismos y probar su independencia, necesitamos ayudarlos a entender qué cosas son seguras y lo que pueden y no pueden hacer.  Como ellos no comprenden aún el concepto de consecuencia, un amable y firme a la vez no,  es apropiado.  Con el descubrimiento de sus nuevas habilidades, hablar y caminar,  los niños pequeños pueden parecer comprender las reglas y pueden razonar con nosotros en ocasiones, pero no están realmente listos para controlar sus acciones.  Cuando un niño está muy cansado o abrumado, la frustración resultante puede convertirse en un berrinche.  Los maestros deben saber qué pueden esperar del comportamiento del niño de acuerdo a su edad.

La disciplina efectiva establece límites

Jesús nos establece límites a través de Su Palabra, la Biblia.  Los niños responden satisfactoriamente a los limites que se establecen para su seguridad y bienestar.  Cuando les hacemos saber estos límites creamos una atmósfera de confianza y respeto.  Cuando establecemos un plan para manejo de la conducta, debemos asegurarnos que es claro, que incluye consecuencias, que es consistente y que demuestra nuestro interés por el niño.  Debemos estar dispuestos a cambiar nuestros o expectativas.  Cada niño es un único, con necesidades y respuestas diferentes;  por esto, debemos tratar con cada niño de forma individual.  Al establecer límites y responder amorosamente a sus necesidades, los niños comprenden nuestro amor, el cual es extensión del amor de Jesús.

La disciplina efectiva ofrece alternativas

Cuando un niño se comporta de forma inadecuada,  debemos ver una oportunidad de enseñarle la forma correcta de responder o reaccionar.  Frecuentemente los niños no saben resolver el problema o satisfacer sus necesidades.  Cuando aparecen los problemas de disciplina, intervengamos rápidamente a fin de modelarles y enseñarles patrones adecuados de conducta.

Las siguientes técnicas pueden ser usadas cuando un niño se comporta de forma inapropiada:

  • Modelar a través de estímulo verbal y no verbal y atención positiva
  • Permitir que asuman consecuencias que son naturales, lógicas y realistas
  • Dirigir su atención a otros temas
  • Removerle de la actividad
  • Establecer límites consistentes en cooperación con el hogar
  • Incluir técnicas de modificación de la conducta
  • Ofrecer atención extra al inicio del día

La conducta de un niño es una forma de comunicación que necesita ser interpretada y comprendida.  Los maestros deben tratar de identificar la raíz de esta conducta.  Es muy importante evaluar las necesidades físicas del niño cuando ocurren las conductas inadecuadas.  ¿Tiene una necesidad física que esté detonando la conducta inadecuada? ¿Tiene hambre, sueño, calor o frío?

Si las necesidades físicas del niño han sido satisfechas, se debe evaluar asuntos de ambiente y horario. ¿Son apropiadas las actividades para la edad del niño?  ¿Hay transiciones apropiadas entre actividades?  Los cambios de horario y la falta de una rutina establecida pueden provocar que los niños se sientan inseguros y puede provocar conductas inapropiadas.

Algunos niños son líderes naturales en el aula y pueden necesitar ayuda para canalizar bien estas habilidades.  Dios les ha dado el potencial de ser líderes.  En ocasiones esto los lleva a tener conflicto con la autoridad del maestro.  Un niño asertivo necesita afirmación, pero también necesita saber que no se puede salir con las suyas presentando conductas inadecuadas.  Es recomendable dar a estos niños tantas oportunidades de liderar a través del servicio como sea posible:  ayudando a repartir materiales, leyendo las Escrituras diarias, etc.  Permitámosles tomar algunas decisiones.  Si el maestro se irrita con las conductas inadecuadas de un niño, es mejor que se aparte por un momento (cuando no sea una conducta peligrosa). Ore y pida ayuda a Dios para verlo a través de Sus ojos y apartar el enojo y la frustración.  Puede ayudar apartar al niño a un lugar tranquilo del aula o animarlo a hablar de su enojo.  Los niños necesitan aprender a expresar sus sentimientos con palabras y practicar sus habilidades de vocalización.  Si un niño está tratando de tomar un juguete, enseñémosle a pedirlo:  “¿Puedo jugar con el camión? ¿Me lo puedes prestar?” De esta manera estamos enseñando a nuestros niños las destrezas que lo acompañarán a lo largo de la vida.

La disciplina efectiva demuestra amor

¡Dios nos ama en gran manera!  En 2ª Corintios 2:7 dice que cuando una persona peca, debemos perdonarlo y consolarlo, asegurándole nuestro amor de tal forma que no se de por vencido en desesperación. Cuando un niño rompe las reglas, recurrentemente, recordemos las palabras de Jesús en Lucas 23:34, “Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Busquemos siempre maneras de elogiar a los niños usando palabras de ánimo.  Cada vez que disciplinamos o discipulamos, estamos afectando el futuro de la vida de un niño.  Hagamos que esa influencia sea positiva.  “Instruye al niño en el camino correcto, y aún en su vejez no lo abandonará.” (Proverbios 22:6 NVI)

Mary Liz Youtz , posee una maestría en Educación.  Experiencia de 25 años como docente y directora. Sirvió en ACSI en el Early Education Departament y actualmente en el Pennsylvania Homeschoolers Accreditation Agency.

 

 

2017-09-21T10:12:46+00:00

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