Eduquemos con esperanza


Vivimos en tiempos difíciles. Enfrentamos problemas que parecieran difíciles de manejar y que son irreversibles al medio ambiente. Los avances rápidos de la ciencia y la tecnología, que muchas veces mejoran nuestro estilo de vida, también nos han llevado a estos alarmantes efectos negativos. Por ejemplo, vemos el peligroso armamento de regímenes inestables y terroristas en todo el mundo. Sin embargo, una gran parte de la población mundial tiene fácil acceso a los juegos en computadoras que fomentan la violencia y los materiales pornográficos que dañan la moralidad. También la brecha entre pobres y ricos se está extendiendo, ambas dentro de los los países ricos y pobres que dan como resultado prospectos de hostilidad y conflicto.

Aún así, como cristianos tenemos esperanza. Sabemos que Cristo vino a redimir no sólo a las personas sino al mundo y a establecer el Reino de Dios. Sabemos que el Espíritu de Dios está activo. Sabemos que aunque el pecado permanezca hasta que Cristo regrese, la gracia de Dios se hace más fuerte y más penetrante.

Los estudiantes hoy en día tienen pocas esperanzas en su futuro. Pueden estar desesperados y darse por vencidos, quizás utilizando drogas como una forma de escape; o pueden empezar a vivir de forma hedonista sin pensar en su futuro personal o en el futuro del planeta. Los maestros cristianos pueden darle esperanza a sus estudiantes. Pueden demostrar cómo la obediencia personal hacia la verdad, mayordomía, paz y justicia pueden afectar la vida de sus estudiantes y la de las personas que les rodean. Pueden demostrar cómo los pequeños pasos de obediencia a Dios pueden cambiar actitudes y decisiones. Pueden motivar a sus estudiantes a hacer un impacto que transforme la cultura.

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El economista holandés, Bob Goudzwaard nos cuenta la historia cuando hace varios años, miles de personas unieron sus manos e hicieron un círculo alrededor del edificio en Alemania en donde estaba ubicado el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Esa demostración pacífica hizo que aquellas agencias encargadas de la toma de decisiones, absolvieran de sus deudas a los países más pobres de la tierra y los motivaron a que trabajaran hacia una autonomía más grande.Captura de pantalla 2016-02-22 a las 10.59.28 a.m. copy

El libro de Goudzwaard Hope in Troubled Times (2007) [Esperanza en tiempos difíciles] describe las ideologías que agudizan los problemas en el mundo hoy en día. Sin embargo, demuestra cómo la gracia de Dios interviene en las acciones individuales y comunitarias para hacer del mundo uno más justo y pacífico.

Los profetas en la Biblia trataron con las cosas que eran posibles y con lo que en realidad estaba sucediendo. Hablaron acerca de la justicia, especialmente hacia los marginados y los explotados dentro de la sociedad. Dios se describe como el protector de los pobres y los oprimidos y también como el que quiere ver cambios. Así que los profetas hacían un llamado al arrepentimiento y a una relación más cercana con Dios. Los profetas de hoy en día declaran que la restauración es posible porque Dios bendecirá las acciones de los que andan en Sus caminos y quienes aplican Su verdad a los contextos de hoy en día (Brueggemann 1982).

Quiere decir, que para nuestras aulas, los maestros-profetas exploran junto con sus estudiantes cómo hay que interpretar y aplicar las verdades de la Biblia en las situaciones y condiciones culturales de hoy. Tenemos que ayudar a los estudiantes a comprender la necesidad de crear una sociedad más justa, más honesta, más compasiva y más inclusiva pero también demostrar, a través de lo que enseñamos y cómo lo enseñamos, que hay esperanza en el futuro porque Dios establecerá Su reino.


Tomado del libro Caminando con Dios en el aula por Harro Van Brummelen
Dr. Harro Van Brummelen es profesor y ex-decano de la facultad de Educación de Trinity Western University en Langley, British Columbia.
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2017-07-04T23:38:36+00:00