Ayudando a los niños en sus reacciones posteriores a un terremoto y otros desastres

Los desastres naturales como los terremotos, incendios, inundaciones, son eventos traumáticos y aterradores que pueden ocurrir en la vida de algunos niños. Estos eventos pueden dar como resultado que las familias deban abandonar sus residencias y sus vecindarios.  Un niño no suele comprender tales eventos y se sentirá confundido, ansioso y atemorizado. No podemos controlar estas situaciones. Sin embargo, necesitamos evitar que terminen en un permanente daño emocional para el niño.  Por el bien y la seguridad física del niño y su familia se debe evitar una reacción negligente.

Este artículo fue preparado para ayudar a los padres a manejar el temor y ansiedad que resultan de un desastre. Cuando utilizamos la palabra “padres” aquí y durante todo el artículo, incluimos maestros y otros adultos que tienen bajo su responsabilidad niños.

Comprendiendo a los niños

La mayoría de niños viven con ciertas rutinas y patrones consistentes. Estos patrones involucran la presencia de los padres en actividades tales como: despertarlos por la mañana, prepararlos para ir a la escuela, sesiones con los maestros, prepararlos para ir a dormir, esencialmente estableciendo estas rutinas para que sean capaces de depender de eventos predecibles. Los enseñamos a que dependen de los adultos y en ciertas ocasiones de la fuerza de la naturaleza, especialmente los preescolares son muy vulnerables a estos fenómenos. Cuando se da una interrupción a la fluidez natural de la vida, el niño experimenta ansiedad y miedo.

¿Cómo podemos ayudar al niño para que resuelva estas ‘situaciones problemáticas’?

Miedo y ansiedad

 Luego de un desastre los niños tendrán miedo de:

 

  • ·       Recurrencia, lesión o muerte
  • ·       Separación familiar
  • ·       Ser dejado sólo, desvalido.

 

Los padres deben reconocer, que existen temores que provienen del niño (de su propia imaginación o fantasía) y diferenciarlos de los temores que son estimulados por eventos reales. Los niños no saben describir el sentimiento de ansiedad. Aunque el temor sea intenso, son incapaces de dar una explicación racional.

Los niños que son muy dependientes de los adultos por el amor, cuidado y seguridad que reciben, temen mucho más el perder a sus padres o sentirse que han sido abandonados. Aún los niños que generalmente son competentes y sin miedos, pueden reaccionar con temor y ansiedad considerable ante cualquier evento que atente contra su familia.

Los padres deben comprender que su intervención puede ayudar a reducir el temor y prevenir que un problema más serio se desarrolle.

Miedos específicos

Seguido a un evento traumático se puede desarrollar temor irracional que evoca gran ansiedad hasta el punto de pánico. El niño puede desarrollar temor a la obscuridad, incluso, fobia a la escuela (rehusarse a asistir a la escuela). En esta instancia, la firmeza es necesaria y el niño debe tener claro que usted espera que él asista a la escuela. El maestro o el consejero puede ayudarle en esta situación.

Conducta regresiva

El niño algunas veces puede revertir el comportamiento que ya había superado o madurado. Por ejemplo, horario de ir a dormir, llevarse el dedo a la boca y otras situaciones que ocurren temporalmente y que no deben alarmar a los padres. Estos comportamientos son normales si tienen una duración muy corta. Estas conductas son síntomas de ansiedad que si se saben manejar no persistirán por largo tiempo.

Los niños responden ante la motivación y los padres deben realizar un esfuerzo deliberado para no enfocarse en la conducta inmadura.

Consejos para padres

Es muy importante que la familia permanezca unida.

Estar unidos provee inmediatamente tranquilidad al niño. Por ende, el temor de ser abandonado será aliviado. Por ejemplo, luego que se produjo el desastre no es aconsejable dejar en ‘un lugar seguro’ a los niños para ir a inspeccionar el posible daño. No debe dejar al niño solo o con un extraño. Si no es necesario que experimente el miedo a estar solo, evítelo.

¡Los niños necesitan sentirse seguros a través de las palabras y las acciones de sus padres!

 “Estamos unidos y nada nos va ocurrir”

 “No tengas miedo, estamos contigo”

 

Escuche lo que el niño exprese acerca de su temor.

Escuche cuando platica, cómo se siente y qué cree que está ocurriendo.

Explique todo cuanto pueda acerca del desastre, de los acontecimientos y nuevamente escúchelo.

No deje de explicarle sólo porque ya se lo dijo una vez.

Motívelo a hablar. El niño silencioso debe ser motivado a expresarse.

El miedo del niño no debe desestabilizar las actividades de la familia.

De vuelta a la calma

Cuando la situación vuelve a la normalidad, luego de toda la ‘emoción’, quedará un grado de letargo tanto para los padres como para los niños. Es importante que los padres realicen un deliberado esfuerzo para evitar la inactividad y regresar pronto a la rutina.

Los padres deben transmitirle al niño que tienen y mantienen el control. Deben ser comprensivos, pero a la vez firmes en sus decisiones por el bien de los niños.

Es natural que los niños quieran estar cerca de sus padres y los padres cerca de sus hijos.  Aunque por unos días se les permita dormir acompañados, lo más pronto posible debe volverse a la rutina normal, pues es importante formar independencia en el niño.

ACSI Latinoamérica desea trabajar junto a todos los educadores y padres de familia en la maravillosa labor de formar niños y jóvenes para que adquieran sabiduría, conocimiento y una cosmovisión bíblica. Esperamos que el anterior artículo le ayude a apoyar a sus hijos o sus estudiantes a enfrentan situaciones inusuales con entereza y conocimiento.

 Basados en la fuente de San Fernando Valley Child Guidence Clinic, 9650 Zelah Avenue, Northridge, California 91325

Realizado por F.E.M.A. (Por sus siglas en inglés: Federal Emergency Management Agency) y La Cruz Roja Americana