Claves para una efectiva integración bíblica

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Claves para una efectiva integración bíblica

Imagine que usted es un padre de familia y está caminando por el bosque junto a su hijo de 6 años.  De repente, su hijo ve una serpiente cascabel.  Esta es la primera vez que su hijo ve una serpiente, así que usted decide darle una pequeña lección acerca de zoología.  Le explica qué uno de los trabajos de una serpiente es mantener a algunas plagas como los ratones bajo control, ya su hijo conoce acerca de los ratones.  Los ha visto en la casa y se le ha dicho que éstos pueden ocasionar enfermedades y hay que matarlos.  Sin embargo, usted no le dice a su hijo que las serpientes de cascabel son venenosas, muy peligrosas y que no debe acercarse a ellas.  ¿Hizo usted lo correcto?  Usted enseñó una verdad, pero omitió indicarle a su hijo una parte importante de la verdad acerca de las serpientes cascabel.  Esto será potencialmente peligroso para su hijo.

Cada día sucede lo mismo en las aulas de clase en muchas de las escuelas cristianas alrededor del mundo.  Enseñamos a nuestros estudiantes el contenido que está en nuestro currículo nacional o en los libros de texto porque eso es lo que los maestros se supone deben hacer.  Nos damos por satisfechos cuando nuestros estudiantes son promovidos al siguiente grado porque hemos hecho lo que se espera que hagamos.  Sin embargo, dejamos de presentar las verdades bíblicas importantes en las lecciones simplemente porque no aparecen en el currículo, en los libros de texto o en la guía del maestro.

La verdad de Dios que está en nuestros materiales curriculares es aquella que ha estado presente a través de los años desde la época de Adán.  Observamos, por ejemplo, que el mundo que Dios creó da testimonio de esta verdad y nos da la oportunidad de compartirla en nuestra aula de clase.  Debemos enseñar sabiendo que esta verdad es vital en la vida de nuestros estudiantes y nos aseguraremos que sea parte del currículo de nuestra escuela.

¿Por qué es tan importante incluir las verdades bíblicas en nuestras lecciones?

En Isaías 28:23-29 el Señor explica a los desobedientes de la tribu de Efraín que Él es quien les enseñó la forma correcta de arar para sembrar.  Ellos pensaron que era su idea, pero Dios les habla acerca de las técnicas de la siembra: “Es Dios quien lo instruye y le enseña cómo hacerlo… también esto viene del Señor Todopoderoso, admirable por su consejo y magnífico por su sabiduría” (vea los versículos 26 y 29).  Es muy importante que reconozcamos a Dios en el proceso de aprendizaje.  Él es la fuente de toda sabiduría.  Colosenses 2:2-4 (NVI) dice: “… Cristo, en quien están escondidos TODOS los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.  Les digo esto para que nadie los engañe con argumentos capciosos”.

Muchos de los que producen materiales curriculares no creen en Dios.  No entienden o reconocen que todas las verdades provienen de Él.  No generan los contenidos con el criterio de que Dios es quien genera ideas y conocimientos al hombre para mejorar su vida.  Como consecuencia únicamente encontramos parte de la verdad en la mayoría de currículo.  Permítannos modelar esto usando el mismo ejemplo de las serpientes: los libros enseñan acerca de serpientes venenosas sin explicar las razones por las que infunden tanto temor.  No enseñan que la enemistad entre el hombre y la serpiente empezó tiempo atrás cuando Adán y Eva pecaron.  Previo a la caída, las serpientes eran criaturas hermosas y amigables que se podían disfrutar (Génesis 1:24).  La Biblia enseña que un día, en el Milenio (Isaías 11:8-9) la naturaleza volverá al estado natural como era antes del pecado de Adán y Eva; las serpientes no harán daño y los niños podrán jugar con ellas.  Es importante que nuestros niños y estudiantes también conozcan estas verdades.

Muchas veces aparece en el currículo información incompleta disfrazada como verdad.  Esta información se basa en una perspectiva humanista en donde el hombre es el centro del universo.  Son ideas científicas basadas en teorías humanos sin tomar en cuenta al Dios creador, por ejemplo, la teoría de la evolución de las especies y la ideología de género.  Estas ofrecen información que no tiene ningún sustento bíblico.

La integración bíblica es la unión del contenido curricular con las verdades bíblicas.  Si existe una verdad en cualquier tema es la Verdad de Dios.  Toda verdad es Verdad de Dios.  Cristo, quien participó de la creación, se refiere a sí mismo como “la Verdad” (Juan 14:6).  Él es el maestro de todos los científicos.  Esa es la razón por la que pudo hablarle a los vientos y a las olas y éstos le obedecieron.  Así que cuando una verdad aparece en un libro de texto o currículo que apoya lo que declara la Biblia, debemos enseñarla con mayor entusiasmo.  Ahora bien, los buenos maestros también están alertas cuando aparece información falsa declarada como verdad o verdades importantes que no se han mencionado en la lección.

Cada materia escolar puede enseñarse desde una perspectiva bíblica.

En algunas materias la integración es más obvia y por lo tanto más fácil de realizar.  Por ejemplo, la Historia Humana está bajo el control de Dios.  Dios permitió y permite que la maldad exista porque nunca fue su intención crear robots que mecánicamente lo obedezcan o adoren.  Él quiere tener una relación con las personas que en realidad le aman y que no se sienten forzados a hacerlo.  No se puede tener una relación con un robot porque este no tiene opción para elegir.  Él nos dio a los seres humanos la capacidad para elegir hacer lo bueno o lo malo.  La historia está llena de narraciones de personas y países que decidieron hacer lo malo, pero en cada situación Dios ha tenido el control de todo.  Su voluntad se ha cumplido para bien o para mal  porque sus planes nunca se frustran (Salmos 33:10-11).  Dios establece los límites de la maldad y hasta dónde puede llegar.  Es muy importante enfatizar esto cuando se enseña historia. Alejandro el Grande, Napoleón, Hitler, todos ellos querían conquistar el mundo, pero al final se les negó su deseo.  Los dictadores totalitarios como el emperador romano Nerón, fueron colocados por Dios en ese cargo, pero su tiempo de autoridad estaba limitado al calendario de Dios y Él nunca aprobó sus hechos pecaminosos.  Nuestros estudiantes deben recordar esta verdad al enfrentan la maldad hoy en día.

En otras materias no es tan obvio.  La clase de computación pareciera no tener necesidad de integración bíblica.  La computadora que conocemos hoy en día no existía en tiempos bíblicos, pero sí existía algo más.  Las computadoras son un 
invento humano que tratan 
de imitar una de las creaciones más grandes de Dios: el cerebro humano.  El 
cerebro de cada persona
 es una supercomputadora 
mucho más poderosa 
que cualquier máquina 
inventada por el hombre. 
No existe una computadora 
que pueda imitar todo lo
 que nuestro cerebro hace.  En la clase de computación se puede enseñar que se puede recuperar lo que se ha guardado en una computadora.  Si usted guarda basura, su computadora estará llena de basura, lo cual ocupará espacio valioso que podría usar para guardar información vital.  Nuestro cerebro procesa la información de una manera similar.  Si guardamos basura en nuestra mente, de eso hablaremos (Mateo 12:34-35) pues lo que sale de nuestra boca proviene de lo que tenemos guardado en nuestro corazón.  La basura entra cuando usamos un recurso de una manera inadecuada, por ejemplo el internet.  Si lo usamos para ver pornografía o para acosar a alguien estamos llenándola de basura que no enriquecerá ni nuestra computadora ni nuestra mente.  Debemos enseñarle a nuestros estudiantes cómo usar los inventos y descubrimientos del hombre de manera positiva y tener dominio propio en lo que permitimos que entre a nuestra mente.  Filipenses 4:8 nos da lineamientos de lo que está bien que veamos: lo verdadero, respetable, justo, amable, y digno de admiración.  Estos lineamientos son los que hay que seguir cuando ingresamos a nuestras computadoras.  Este tema sería una integración bíblica para la clase de computación.

Un detalle sumamente importante: sólo podemos enseñar lo que sabemos.  Si no conocemos lo que la Biblia enseña, no podremos integrarla o saber cuándo integrarla.  Es importante que cada maestro cristiano sea estudioso de la Palabra de Dios.  Debe leerla cada día desde la perspectiva de un maestro que piensa en lo que va a enseñar para obtener la sabiduría que se encuentra en ella.  Esta es la clave que permitirá realizar una efectiva integración bíblica.


Thomas Hilgeman, M.A., posee una maestría del Grace Theological Seminary en Administración Escolar y dos licenciaturas: Moody Bible Institute en Misiones Extranjeras y de Houghton University en Administración e idioma español.  Por varios años, trabajó como Director de Servicios Académicos de ACSI Latinoamérica.
2017-10-18T13:04:42+00:00