Viernes, 05 Junio 2020 15:17

El estrés laboral docente durante COVID-19 Destacado

Escrito por
Valora este artículo
(5 votos)

Mi día como docente de nivel primaria en un centro educativo comenzaba al despertar a las cinco de la mañana. La jornada escolar iniciaba a las siete de la mañana y el tráfico de la ciudad de Guatemala no me permitía ni un solo minuto más de sueño. Al completar un período de clase con un grupo de estudiantes inmediatamente me esperaba el siguiente, atendiendo las necesidades académicas de cada uno de los estudiantes de ambas secciones, 48 en total. El horario continuaba, y luego de intensas e interminables horas, llegaba el tiempo de receso, en el cual me tocaba el cuidado en la cafetería. Terminando este tiempo, en muchas ocasiones me dirigía a alguna reunión con padres de familia o con coordinadores de área para luego completar mis últimos períodos de clase. Terminaba agotada, sabiendo que mi “hora de salida” sucedería hasta una hora más tarde que terminara de calificar los cuadernos de trabajo de todos mis estudiantes. Al terminar de calificar, tomaba un respiro y me hacía una nota mental de llegar más temprano al siguiente día para preparar los materiales del primer período de clases. Con esto, cerraba la puerta de mi aula, caminaba al parqueo, me subía al auto para enfrentar el tráfico de vuelta a casa. Mi jornada laboral del día había concluido.

Ahora, imaginemos un mundo en donde nunca podríamos subirnos al transporte que nos lleve a casa ni dar por concluido nuestro día de trabajo. Un mundo en donde los períodos de clases se incrementan, las reuniones se intensifican, y las tareas a calificar no terminan. Parece algo irreal, pero eso es lo que están viviendo miles de docentes en todo el mundo desde hace tres meses. Una escuela virtual que no tiene una hora de salida ni jornada concluida.


El estrés laboral no es algo nuevo para el docente. Los maestros tienen una tendencia a sufrir el burnout, el cual se describe como el “estado de agotamiento que sufre una persona en respuesta al estrés crónico laboral. Los maestros están propensos a este tipo de cansancio físico, mental y emocional, lo cual llega a afectar la misión educativa con la que emprendieron su llamamiento vocacional.” (Beltrán, Moreno, Pérez: 2004). Realizamos, con el auspicio de ACSI Latinoamérica, una encuesta sobre el estrés docente en donde participaron 317 educadores de 14 países del continente.  Les compartimos aquí los resultados:
Stress G1C
A la pregunta: ¿Cómo considera su estado actual de estrés laboral si lo compara al tiempo antes de la situación de COVID-19?, esta fue la respuesta:

El 80% de los encuestados indicaron que su estado de estrés es más alto que antes de la situación de COVID-19 y el 12% indicando que sigue igual que antes. Esto significa que más del 90% de los docentes sufren un nivel de estrés alto en sus labores docentes (Gráfica 1).

La encuesta permitió a los docentes que participaron seleccionar las tres principales razones que les causaban estrés en sus labores actuales (Gráfica 2).  También se les dio la opción de agregar una respuesta si no se encontraba dentro de las opciones ofrecidas. Aunque ninguna de las razones predominó en la mayoría de los participantes, hubo dos razones principales que sobresalieron como las más altas: la cantidad de tareas que deben calificar (38.4%) y el atender responsabilidades propias del hogar donde residen (37.8%). Las siguientes razones más altas se relacionan con presiones externas, siendo la principal la comunicación con padres de familia (28.3%). Luego sigue la presión por cumplir con el plan curricular del centro educativo (27.1%) junto con la presión de las autoridades de la escuela (25.8%).

Stress G2C
Por si estos resultados no hubiesen sido suficientemente alarmantes, algunos de los comentarios que compartieron estos docentes sí lo fueron. Al pedirles que describieran su estado emocional actual, uno lo describió como “lleno de ansiedad, agotamiento mental e irritabilidad”. Otro lo definió como "estrés permanente al “tener que estar 24/7 pegado del celular o computadora para responder de inmediato, de otra forma los padres se enojan y dicen que no estamos trabajando”. Varios comentaron que su estrés es intenso por haber “perdido la capacidad de desconectar(se) del trabajo”. Algunos otros docentes optimistas escribieron que a pesar de las circunstancias tenían el deseo de “seguir aprendiendo y esforzando(se) por amor a los estudiantes”.

Estos resultados revelan la característica de la profesión docente que todos aquellos que hemos tenido la bendición de ejercer conocemos muy bien: el agotamiento.  Esta es una labor altamente demandante que empuja al espíritu humano a seguir luchando por aquello en lo que creemos profundamente: la educación trasciende y cambia la vida de quien la recibe. El deseo de impactar las vidas de los estudiantes sobrepasa el cansancio que sienten muchos docentes. Esto es algo admirable, pero al mismo tiempo, un poco irreal. Quizás adoptamos un rol que verdaderamente le pertenece a Dios buscando hacer la diferencia en la vida de alguien.  Nos olvidamos por completo que nosotros —como maestros cristianos— debemos buscar primeramente el Reino de Dios, y no solo nuestras propias aspiraciones y deseos. El darle pensamiento y reflexión a esta idea requiere más que un solo articulo, pero deseo compartir con ustedes, mis amados colegas maestros, algunos principios que he tenido que aprender a lo largo de mi profesión como educadora cristiana.

1. Reconocer la soberanía de Dios y mi limitación humana

Stress article teacherEn mis años de adolescencia, recuerdo un popular programa de televisión de nombre Fear Factor el cual trataba de personas que buscaban retar sus temores más grandes y así empujar sus límites al máximo. Aunque el programa entretenía a su audiencia, también daba esa falsa impresión de que el humano “todo lo puede” si ejerce la suficiente fuerza y voluntad (¡y no en el sentido de Filipenses 4:13!). Claro, puedes empujar tu cuerpo y mente a nuevos retos, pero todo tiene un precio eventualmente. Esa es la manera como Dios nos recuerda que somos creación y no Creador. «Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!». Salmo 46:10 (NVI). Pasajes como este nos recuerdan que la gloria se la lleva siempre el Señor, sin importar todo lo que haya hecho en el día. Lo que Dios me ha llamado a hacer lo permite dentro del límite que Él mismo estableció desde la creación (Génesis 2:2-3). Aprendamos que hay momentos en los cuales simplemente debemos quedarnos quietos y permitir que sea Dios quien obre. Recordemos que Dios no nos necesita para cumplir sus planes o Su voluntad (Salmo 12:1-2). Él es soberano, ¡Él es Dios! Creamos y abracemos la soberanía del Dios todopoderoso.

2. Descansar, aunque no haya terminado todo lo que debo hacer

La falta de sueño es quizás uno de los factores que más irrita a las personas. En el libro de Shona y David Murray, Refresh, ellos presentan el descanso como un regalo de Dios para los humanos (Salmo 3:5 y 4:8). Pasamos la mayor parte de nuestra vida huyendo del sueño porque es el estado en el que estamos más vulnerables (p.53 Murray). Sin embargo, cuando dormimos, estamos declarando nuestra confianza en Dios (Mateo 11:28) y el orden que Él ha establecido para nosotros. Estos autores también indican que el descanso en la noche es una ilustración de nuestro descanso en Cristo, ya que es por Su obra redentora y no por nuestra labor que somos salvos (Efesios 2:8-9). ¡Que forma más maravillosa de celebrar el Evangelio! Y es por eso por lo que debemos valorar el descanso. Por supuesto que hay temporadas de la vida en las que no podemos dormir todo lo que quisiéramos (madres y padres con bebés, el cuidado de un familiar enfermo, atender proyectos extraordinarios, etc.).  Estas debiesen ser las excepciones, no la regla, y Dios nos da las fuerzas que necesitamos para esas épocas. Pero no deben ser la norma en nuestras vidas. Aprendamos a descansar, aún cuando tengamos que terminar de calificar esa tarea, o queremos responder el mensaje de ese padre de familia. Lo mejor puede ser descansar y atender a esa tarea o ese correo al día siguiente, con una mente descansada y enfocada.

3. Priorizar y organizar mi tiempo

Stress time AAun con el estrés diario de la vida docente de antes, había un momento en el día en donde yo podía decir “suficiente” a mis tareas de profesora, y así poder atender las tareas necesarias de mi rol como esposa, madre, ama de casa, hija, tía, estudiante universitaria, maestra dominical y demás roles que asumía. La realidad es que todos tenemos roles y responsabilidades fuera de nuestra identidad cómo docentes y quizás el primer problema esté en que tenemos una identidad falsa de quiénes somos a la luz de La Palabra. En su libro Identity Theft, Melissa Kruger recopila una lista entera de todas las falsas identidades que las mujeres se ponen y nos recuerda que todo lo que somos está formado por la persona de Cristo (Colosenses 1:1). Antes de ser docentes, somos hijos de Dios, y como tal tenemos prioridades que deben tomar lugar antes de nuestro rol laboral. Por ejemplo, nuestro tiempo de devocional (a solas y en familia). No estoy diciendo que deben hacer a un lado sus responsabilidades como profesores, pero simplemente entender que para todo hay un tiempo que se puede establecer si aprendemos a organizar nuestro día. Esto quizás signifique que debamos sentarnos a organizar un horario de trabajo en casa y procurar respetar ese horario. Quizás un horario laboral de 8 AM a 3 PM para atender estudiantes y tareas (con los respectivos “recesos” para alimentarse y atender otras responsabilidades). Para atender a padres de familia, también se aconseja establecer un horario que se adecue al horario de ellos sin sobrecargar al docente (ejemplo: martes y jueves de 8:00-8:45 PM para atender correos, mensajes o llamadas de padres). Y saber que fuera del horario de trabajo, nos subimos a nuestro “transporte de salida” y le damos atención a lo demás que requiera nuestro enfoque. Con esto, también le estamos modelando a nuestros estudiantes una vida ordenada, reforzando en ellos que también son más que solo estudiantes. Y esto lleva a mi último consejo.

4. Asignar menos tareas

En cuánto a la cantidad de tareas que debemos calificar, una profesora universitaria muy sabiamente nos dijo un día, “Si quieren calificar menos tareas, dejen menos tareas.” Y a lo que se refería con esto es que al final, nosotros tenemos el control de cuánta tarea queremos calificar. Hay actividades que refuerzan el aprendizaje que no deben calificarse, aunque el docente puede usarlo para aportar hacia el esfuerzo y diligencia del estudiante en su retroalimentación. Usemos este tiempo para repensar y reevaluar lo que enseñamos y requerimos del aprendizaje de los estudiantes. Quizás el uso de proyectos integrados sea la forma en la que, bajo un mismo trabajo, se puedan evaluar y calificar las diferentes áreas/materias. Y con esto, le estamos comunicando al estudiante que valoramos también su tiempo con Dios, su familia, recreación y desarrollo personal. 

Conclusión

No sabemos si algún día regresaremos a nuestra rutina antes de COVID-19.  Lo que sí debemos saber es que esta situación no nos puede dejar más cargados que antes. Al contrario, esta es una excelente oportunidad para tomar una nueva perspectiva de lo que consiste mi labor docente, y transformarla para que refleje una vida auténticamente centrada en Cristo. En vez de permitir que el estrés gobierne nuestras vidas, busquemos primeramente el reino de Dios (Mateo 6:33) en nuestros hogares y vidas. Reconozcamos que Dios es el que está en control de todo, incluyendo nuestro destino y el de nuestros estudiantes. Comprendamos que hay un tiempo de trabajo que glorifica a Cristo. Sin embargo, el cerrar la puerta de mi aula virtual al final del día también trae gloria al Creador de mi tiempo y vida.


 

Referencias

Beltrán, Moreno, y Pérez (2004). Apoyo social y síndrome de quemarse en el trabajo o burnout: una revisiónPsicología y Salud.

Diaz, S (2020). Resultados de encuesta de Estrés laboral docente durante COVID-19. Association of Christian Schools International, Oficina Continental para Latinoamérica.

Kruger, M (2018). Identity Theft: Reclaiming the Truth of who we are in Christ. The Gospel Coalition.

Murray, S&D (2017). Refresh: Embracing a Grace-Paced Life in a World of Endless Demands. Crossway.

Visto 911 veces Modificado por última vez en Lunes, 15 Junio 2020 12:04
Sareth Diaz

Licenciada en Educación con especialización en English Language Teaching de la Universidad del Valle de Guatemala. Docente con más de 10 años de experiencia en educación primaria y secundaria. Es profesora universitaria y la actual directora del programa de Desarrollo Profesional de ACSI Latinoamérica.