Insomnio en Sai Kung 

¡Oh no, otro artículo sobre currículo! Muchos especialistas han hablando al respecto. Sin embargo, luego de no conciliar el sueño, después de un largo viaje, desperté a las dos de la mañana en mi apartamento de Hong Kong, con una palabra en mi mente: currículo.

Primero pensemos en un docente con arduas tareas tales como desarrollar un saludable manejo de aula, aplicando psicología infantil, impartiendo instrucción diferenciada que asegura que ningún niño se atrase, preparando a los estudiantes para exámenes que deben ser revisados e intentando planificar con alguna anticipación. Al final del día, tomando un respiro, utiliza su última reserva de energía para compartir tiempo con su familia. Todas estas actividades, todos los días. Encima de todo esto, ¡aún se espera que integre principios bíblicos en el programa curricular!

Currículo cristiano 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de currículo cristiano? Es una buena pregunta y si pudiera responderla lo haría con una simple definición para ahorrarle tiempo y evitarle que lea las siguientes páginas. He sido maestro durante 20 años y me considero capaz de responder esto fácilmente, pero después de haber trabajado y visitado muchas escuelas cristianas alrededor del mundo, encontré falta de consenso. Cuando se analiza lo que ha sido enseñado y aprendido, se debe cuestionar: ¿Es realmente diferente el currículo de las escuelas cristianas a lo que se enseña en otras escuelas que no lo son?

Currículo es todo lo que los estudiantes aprenden y que llega a formar parte de su diario vivir

Estas son algunas afirmaciones que usted puede tomar en cuenta:

1. El currículo es la respuesta al qué y al cómo de la educación. Tomlinson y McTighe establecieron lo  siguiente: “En un salón de clases efectivo, los maestros atienden por lo menos cuatro elementos: A quién están enseñando (los estudiantes); en dónde están enseñando (ambiente de aprendizaje); qué están enseñando (el contenido) y cómo lo enseñan (metodología)” (2006, 2).

2. Currículo es el contenido de lo que enseñamos. Lo conforman todas las actividades que los maestros escogen para involucrar a sus estudiantes en el aprendizaje. Currículo es todo lo que los estudiantes aprenden y que llega a formar parte de su diario vivir. No se puede limitar a una simple lista de aspectos o teorías filosóficas o al cumplimiento de la malla curricular. Estos aspectos son parte esencial de una guía curricular. Tal como describe Edlin: “El currículo es el motor que impulsa todo el proceso” (1994, 120). Son las pistas y puntos de referencia que determinan la senda.

3. El currículo cristiano puede ser fácilmente enseñando en cualquier área y en cualquier aula. Por supuesto que es más fácil encontrar principios bíblicos en una clase de ciencia que en una de matemática; pero es parte del reto de ser un maestro cristiano. Si como profesionales no logramos hacer esa conexión, ¿cómo pretendemos que los estudiantes desarrollen una cosmovisión bíblica en sus vidas? El Dr. Gary Railsback de George Fox University, encontró más del 28% de los estudiantes que al principio de su carrera declararon ser nacidos de nuevo, no hicieron la misma declaración al final de la misma (1994) y este es un hallazgo que debe retarnos como educadores cristianos. Una parte importante del proceso educativo consiste en proveer herramientas al estudiante que le permitan integrar su fe y madurar espiritualmente de manera que las utilicen toda la vida.

4. El currículo cristiano no debe limitarse a lo que han escrito y publicado autores cristianos. En el libro Teaching Redemptively, Donovan Graham provee una lista de los diferentes componentes de la educación cristiana, aclarando: “Si bien los recursos de los que disponemos en un proceso educativo que dice ser cristiano, considero que ni la suma de todos ellos constituye educar cristianamente” (2003, 8). La verdad revelada tal como la exponen otros no debe ser una amenaza para los cristianos. Sin embargo, representa un reto por evaluar para luego aplicar y expandir nuestro entendimiento de la verdad. Debemos aplicar el mismo análisis crítico a todas las fuentes de donde provienen nuestros recursos.

¿Qué debemos enseñar? 

Todos los educadores deben determinar cuál es el conocimiento verdaderamente esencial y perdurable. Vivimos en la era de la información, pero ¿qué es importante y adecuado que nuestros estudiantes aprendan?

El concepto de utilizar declaraciones con propósito y trabajar en dirección a los objetivos trazados no es nuevo para el mundo cristiano. Jesús es conocido como el Maestro por excelencia. Él utilizó las siguientes declaraciones con propósito a lo largo de su ministerio:

  • “yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn. 10:10)
  • “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14:6)
  • “Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes” (Lc. 4:21)

Jesús trabajó con el grupo de sus estudiantes/discípulos por tres años. Tal como sabemos, no escribieron todo lo que Él dijo. Cuando escribieron ¿qué recordaron?

  • Recordaron Sus historias y aplicaciones.
  • Recordaron la secuencia básica de Su vida.
  • Recordaron Sus acciones y especialmente los milagros más prodigiosos.
  • Sobretodo, lo que más recordaron fue el propósito de Su venida, y ese propósito se convirtió en el impulso para el resto de sus vidas.

Deténgase un momento y pregúntese: ¿Qué escribirían sus estudiantes si tuvieran que escribir “El evangelio según mi maestro/a”? Seguro ellos escribirían el currículo latente, no lo que usted dijo, sino lo que usted modeló en ellos, los aspectos que usted consideró realmente importantes. Como dice John Maxwell: “La gente hace lo que mira. Olvidan tus palabras, pero siguen tus pasos” (2001, 51).

Como maestros cristianos necesitamos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Cuál es el currículo que se enseña en mi clase? ¿Qué se llevarán mis estudiantes para su futuro? ¿Realmente el contenido invisible de mi enseñanza es tanto o más cristiano de lo que mis labios están enseñando? ¿O estoy siguiendo modelos humanistas en lo que creo que debe ser el aprendizaje y desarrollo de mis estudiantes?

Jesús se enfocó en los objetivos. Tenía sólo tres años para preparar a un grupo de pescadores iletrados y a otros que tenían la encomienda de salvar al mundo. Sus palabras y Sus acciones trabajaron en armonía.

Talvez se preguntará: ¿Qué hay acerca de las metas, objetivos, referencias, las competencias esenciales y el resto de cosas que los directores nos hacen escribir en los planes de clase? ¿No deberíamos entonces concentrarnos simplemente en… enseñar? La misión, los resultados de aprendizaje esperados (RAEs), los objetivos, metas y competencias, son guías que muestran a las partes interesadas lo que se está tratando de alcanzar.

La investigación y la experiencia enseñan que todos los días somos bombardeados por una enorme cantidad de información. La educación no consiste sólo en adquirir nueva información, sino aprender cuánto de todo eso debemos ignorar y olvidar.

Los escritores del evangelio olvidaron o escogieron no dejar plasmadas muchas situaciones que se dieron durante los tres años que compartieron con Jesús. Captaron el concepto global, las principales unidades de Sus planes de enseñanza y fueron capaces de llevar a cabo la misión. Jesús delineó la esencia de sus ideas y constantemente las reforzó. Estableció metas claras. Enseñó a través de historias las ideas importantes que se conectaban con las experiencias diarias de sus estudiantes. Hizo aplicaciones que ampliaban su entendimiento y les planteó muchas preguntas. De hecho, probablemente su vida presenta más preguntas que respuestas. Sin embargo, anima a trazarnos un pensamiento elevado y una constante aplicación, aún dos mil años después. Su enseñanza es muy semejante a la moderna. En la investigación según Pollock (2007, 78) basa- da en “el esquema de enseñanza para estudiantes que van a aprender…: Establecer los objetivos, apelar al conocimiento previo, introducir y aplicar nueva información, generalizar y asignar tarea, si es necesario”. Y a lo largo de todo el proceso, proveer retroalimentación y más retroalimentación.

En nuestra enseñanza, al igual que en el ministerio de Jesús, deben conectarse los objetivos con los puntos de referencia y los resultados finales. Los estudiantes necesitan saber qué es importante recordar. Limitar la verdad curricular a información proposicional que los estudiantes repitan de vuelta en determinadas ocasiones no es suficiente. Si seguimos el ejemplo de Jesús modelando y practicando lo que creemos, no sólo comunicamos el contenido, sino también proveemos las estrategias, habilidades y procesos para que apliquen esa verdad. Evaluando, reforzando y repasando esa conexión entre el conocimiento teórico y la vida práctica, los estudiantes serán capaces de aplicar este conocimiento en situaciones reales.

Como maestros cristianos, tenemos la responsabilidad de enseñar un currículo real en el aula. Debemos hacer uso de la flexibilidad en la selección de los aspectos del currículo que deseamos enfatizar, haciendo valer el derecho que tenemos como instituciones privadas de enriquecer el contenido del currículo oficial.

¿Qué escribirían sus estudiantes si tuvieran que escribir “El evangelio según mi maestro/a”?… Como dice John Maxwell: “La gente hace lo que mira. Olvidan tus palabras, pero siguen tus pasos”.

Sin embargo, esta libertad conlleva responsabilidad y trabajo ineludible. Graham define currículo como: “Experiencias de aprendizaje planeado, en los cuales los maestros tienen influencia” (2003, 219). Si está planificando con el propósito de aplicar los principios bíblicos, se debe enfocar no sólo en el contenido, sino en el desarrollo de la cosmovisión bíblica de los estudiantes y la forma en la que aprenden. Utilice herramientas apropiadas para aplicar los principios en los cuestionamientos esenciales, los objetivos, actividades clave de aprendizaje y las estrategias para el manejo de clase. Utilice evaluaciones diseñadas cuidadosamente y herramientas de análisis para determinar si las lecciones y el plan de unidad le están guiando hacia el propósito que se desea alcanzar.

He tenido el privilegio de observar di- versas situaciones en educación, desde Timor Oriental hasta una escuela islámica en Kuwait. He visto un maestro musulmán de preescolar reflejar muchas características de Jesús. Estas situaciones me retaron a regresar a mi salón de clase con un entusiasmo renovado y con el deseo de integrar los principios cristianos dentro de mi currículo de enseñanza.

Como educadores cristianos, fácilmente nos enfocamos en el quién y el por qué y desestimamos el qué y el cómo de la educación. Podemos dar respuestas muy cristianas cuando nos preguntan: ¿Por qué somos maestros? ¿Qué diferencia hay entre lo que usted enseña y lo que enseña un maestro que no es cristiano? Con frecuencia luchamos en buscar respuestas.

Quizá estará pensando: “No tengo el tiempo ni los recursos para hacer lo que usted prescribe”, pero le suplico considerar que estamos trabajando con el futuro y contamos con la singular oportunidad de impactar las vidas de los estudiantes.

¿Cuál es el programa curricular que desarrollará en su aula este año? No lo decida camino al aula, después del café de la mañana. Reflexione al respecto ya que su decisión tiene implicaciones eternas.

 


Referencias 

Edlin, Richard J. (1994). The Cause of Christian Education. Northport, AL: Vision Press. 

Graham, Donovan L. (2003). Teaching redemptively: Bringing Grace and Truth into Your Classroom. Colorado Springs, CO: Purposeful Design Publications. 

Maxwell, John C. (2001). The Power of Thinking Big. Tulsa, OK: River Oak Publishing. 

Pollock, Jane E. (2007). Improving Student Learning one Teacher at a Time. Alexandria, VA: Association for Supervision and Curriculum Development. 

Railsback, Gary, L. (1994). An Exploratory Study of the Religiosity and Related Outcomes Among College Students. (Disertación doctoral), Universidad de California, Los Angeles.

Tomlinson, Carol Anne y Jay McTighe. (2006). Integrating Differentiated instruction and understanding by design: Connecting con- tent and kids. Alexandria, VA: Association for Supervision and Curriculum Development. 

Tomado de la revista CSE Volumen 11 Número 3 (Páginas 28, 29 y 30)

Jeff Auty, M. Phil., es el coordinador de currículo en International Christian School en Hong Kong. Ha servido en la educación cristiana internacional como maestro y director por más de 20 años. También ha trabajado como moderador de las pruebas estandarizadas de New Zealand Qualification Authority y como consultor en proyectos de desarrollo.

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