El poder de la educación bilingüe en la escuela cristiana

Por Nathan Johnson

Digamos que un experto en fútbol de renombre mundial observa a su hijo en edad preescolar y se acerca a usted diciendo: “Su hijo tiene un potencial increíble para convertirse en una estrella de fútbol”. Existe una alta posibilidad de que usted inscriba a su futura estrella en un programa de fútbol antes del fin de semana. ¿Qué pasa si le digo que cada niño en su escuela es un verdadero genio cuando se trata de aprender idiomas?

Todos los niños son genios del lenguaje

Sin necesidad de ver a su hijo, puedo decirle que su niño en edad preescolar no solo es bueno, sino que es un Einstein en el aprendizaje de idiomas. La fisiología del aprendizaje de idiomas demuestra que todos los niños son genios del lenguaje, independientemente de su nivel socioeconómico, educación de los padres, vecindario, idioma natal o raza. Vemos suceder esto una y otra vez, cuando van de la jerigonza al lenguaje, sin traducir las jerigonzas al español. Y este hecho tiene implicaciones masivas en el contexto de la educación escolar cristiana.

Lenguaje y desarrollo cognitivo

Para usar otra figura, imagina la construcción de una casa de cuatro pisos. Obviamente, debes comenzar con los cimientos y el primer piso. El cerebro en los primeros siete años digiere insaciablemente el lenguaje, lo que permite que el niño se comunique. El idioma es el primer piso de su hogar. A medida que los niños adquieren el idioma, acumulan rápidamente un gran banco de conocimiento a través de sus memorias increíblemente poderosas (¡por eso no debes esperar vencer a tu primer alumno en el juego de Memoria!) A medida que el cerebro cambia durante la pubertad, los adolescentes adquieren mayor capacidad de pensar críticamente. Mientras más tiempo vivan las personas, más aplicarán el pensamiento crítico, y cuantas más experiencias de vida acumulen, mayor será su desarrollo de lo que conocemos como sabiduría. Por lo tanto, el mandato de Proverbios es reverenciar la sabiduría adquirida por las canas. Los pisos progresivos de la casa se mueven fluidamente del lenguaje, al conocimiento, al pensamiento y finalmente, a la sabiduría.

Si el pensamiento crítico es una meta primordial de la educación, ¿por qué Dios no les dio a los preescolares la capacidad de lectura y matemáticas desde un inicio? Sin duda, muchas escuelas avanzadas tratan de acelerar el desarrollo y se jactan de que los niños están leyendo antes de finalizar el jardín de infantes. Sin embargo, la respuesta a esta pregunta tiene que ver con el cerebro creado por el Dios Trino. Nacemos con dos hemisferios formados por cuatro lóbulos en cada lado, que consta de más de mil millones de neuronas. Estas neuronas han hecho relativamente pocas conexiones en el momento en que nacemos, pero tienen un apetito insaciable de formar «sinapsis» con otras neuronas. La falta de conexiones combinada con la propensión a conectarse crea «alta plasticidad», que es una forma elegante de decir que el cerebro es realmente maleable. Casi se podría decir que los cuatro lóbulos se parecen más a un mega lóbulo, y este simple hecho tiene mucho que ver con el aprendizaje del lenguaje.

La comunicación es una actividad cerebral completa para los niños desde su nacimiento hasta los siete años. Durante los primeros siete años de vida, se está formando su centro de idiomas (áreas de

Wernicke y Broca) que se encuentra básicamente en la convergencia de los cuatro lóbulos (es interesante observar que los niños mayores, especialmente los niños pos pubescentes, no aprenden el lenguaje de esta manera). Imagina un bebé de diez meses diciendo, «Papá», por primera vez. Papá entra a la habitación. El lóbulo occipital identifica su imagen. El lóbulo parietal se excita y centra la atención en este personaje. El lóbulo temporal escucha a papá decir: «Papá, papá». La corteza frontal ejecuta estadísticas. Esta no es la primera vez que el bebé escucha este sonido. El bebé ha bloqueado la entonación, y la corteza frontal le dice a los músculos faciales y las cuerdas vocales que se muevan, y el bebé comienza a repetir, «Papá” Posteriormente, papá se vuelve loco, “Cariño, ven acá, ¡El bebé acaba de decir papá!” A lo que el lóbulo parietal y la corteza frontal del bebé deciden que les gusta este refuerzo positivo, y continúa repitiendo, “Papá”, nuevamente. Este es un ejemplo de aprendizaje de lenguaje de cerebro completo.

Dios le da al ser humano el don de comunicarse a un nivel exponencialmente más profundo que cualquier otro ser creado.

La investigación de Patricia Kuhl demuestra que los niños de seis meses identifican cada sonido en cada idioma, mientras que para su primer cumpleaños los niños solo identifican los sonidos en su lenguaje contextual (Kuhl 2004). Sin embargo, se puede entrenar los cerebros de niños de hasta siete años para escuchar nuevos sonidos a través de la repetición. Esto se vuelve mucho más difícil después de los siete años, y casi imposible después de la pubertad. Esa es mi excusa de por qué parezco un gringo que habla español, a pesar de que he sido fluido durante casi veinte años (comencé a aprender español hasta los catorce años). Por otro lado, mis hijos de tres y cinco años hablan español (idioma del hogar), mandarín (idioma escolar) e inglés (idioma cultural) en tonos nativos, como si hubieran nacido en tres idiomas diferentes.

Experimenté este mismo fenómeno entre mis alumnos cuando fui director de una escuela de ACSI en Caracas, Venezuela, y lo veo a diario como director fundador de Charleston Bilingual Academy.  En resumen, acabo de proporcionar una justificación simple de por qué los preescolares son prodigios cognitivos en el lenguaje. Si bien la mayoría de los centros preescolares intentan distinguirse por la intensidad curricular o respaldan una filosofía única (por ejemplo, Montessori o Reggio ), hemos descubierto que podemos simplemente jugar en un entorno de inmersión lingüística, donde los niños se divierten mientras dominan otro idioma y aprenden nuevas culturas.

Educación bilingüe cuya meta es inspirar a otros

Dios pudo haber creado cualquier cronología evolutiva que Él quisiera. ¿Por qué eligió el idioma primero? Quizás porque le gustaba el andamiaje (del lenguaje al conocimiento, al pensamiento crítico, a la sabiduría), o tal vez a un nivel mucho más profundo, deseaba infundir parte de la esencia de la Trinidad: la comunión. Sin comunicación, no hay comunión. A lo largo de la Escritura, y más explícitamente en Juan 14-17, vemos la unidad y la diversidad de la Trinidad. Jesús nos enseña la unidad y la singularidad de las tres personas de la Trinidad, donde tres personas distintas están tan unificadas, que en realidad son sólo una. Y Cristo proclama que la redención que Él traerá creará unidad tanto con otros creyentes como con el Dios Trino. El lenguaje es esencial para esta unidad. La Trinidad siempre se ha comunicado entre sí. Dios habló la creación en el ser. Dios le da al ser humano el don de comunicarse a un nivel exponencialmente más profundo que cualquier otro ser creado.

Y luego Jesús usa un lenguaje comprensible para explicarnos por qué necesitamos una comunión tanto con Él como entre nosotros. Creo que el desarrollo fisiológico del cerebro del recién nacido hasta los siete años proclama la gloria relacional de Dios, equipándonos incluso cuando comenzamos a distinguir los sonidos en el útero para poder desarrollar relaciones rápidamente. La belleza de la educación bilingüe y la educación bicultural radica en jugar con esta genialidad para abrir un mundo de posibilidades a nuestros hijos donde podamos derribar los futuros muros del idioma y las barreras culturales. Es muy probable que su hijo no haya nacido con la capacidad de convertirse en un atleta de clase mundial, pero es casi seguro que su hijo haya nacido con la capacidad de llegar a personas en otros idiomas y culturas. Basado en esta premisa, creo que la educación bilingüe de inmersión, centrada en la gloria del Dios Trino, tiene un gran potencial de inspirar a quienes generan el cambio del mundo, de acuerdo con Mateo 28: 19-20: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. NVI


Kuhl, P.K. 2004. Adquisición temprana del lenguaje: descifrado del código del habla. Nature Reviews Neuroscience 5 (11): 831-843.

Nathan Johnson ha estudiado educación a lo largo de su carrera académica (en Furman, CIU y Vanderbilt Universities). Basado en sus estudios, en su vida internacional y en su pasión por unir culturas y compartir el amor de Dios, fundó la Charleston Bilingual Academy como una escuela piloto para la educación cristiana e intercultural de inmersión lingüística. Actualmente está desarrollando una red de escuelas cristianas de doble inmersión a nivel internacional. Junto con su esposa y sus tres hijos, vive en Charleston, Carolina del Sur.

2018-10-02T16:15:21+00:00

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