Cuando se trata de criar niños conforme al corazón de Dios, hay muchos factores que influyen y que salen de nuestro control.  Aún así, hay varias cosas que podemos hacer, que harán esta meta más accesible.  El Dr. Larry Taylor, Director de Academia Cristiana Prestonwood en Plano, Texas y autor de Running the Horses, ofrece algunas ideas.

Si les dijera que ciertas prácticas sirven para predecir si un niño continuará en la fe a lo largo de la adolescencia y vida adulta, ¿les interesaría?  Si les dijera que no necesitan un título en teología para guiar a su familia en estas prácticas ¿se animarían?   Las prácticas a las que me refiero pueden llevarse a cabo en la vida cotidiana si se les pone atención.

Lucas 6:40 dice: “Los alumnos no son superiores a su maestro, pero el alumno que complete su entrenamiento se volverá como su maestro.”  Este es un poderoso principio bíblico para los padres; la influencia en nuestros hijos a través de la lectura, estudio de la Biblia y de la oración es incalculable.  Dichas prácticas pueden ser administradas hasta cierto grado por otra persona, pero estamos hablando de crear niveles de sinergia –y allí simplemente no puede haber reemplazo de Papá y Mamá.

El principio de Lucas 6:40 dice que sus hijos serán como ustedes –¡Papá y Mamá!  Múltiples estudios sugieren que el aprendizaje por observación puede llevar a los hijos a compartir las actitudes, valores y conductas de sus padres.  Lee, Rice y Gillespie (1997) estudiaron cómo los patrones familiares de adoración se relacionan con las conductas y creencias de los adolescentes, enfocándose en el rol vital de los padres en el sistema de creencias de los hijos.  Como padres, debemos observar cuidadosamente nuestra condición espiritual:  es decir, qué tanto nos parecemos a Cristo.

A continuación algunas prácticas que promueven la sinergia familiar.  Nótese que todas ellas se desenvuelven alrededor de ustedes, los padres. Se trata de dinámicas familiares, es decir, las relaciones que desarrollamos con nuestros hijos.

  1. Comunicación y cercanía emocional.   Esto involucra la manera en la que nos comunicamos con nuestros hijos a través conversaciones interactivas (no dominadas por Mamá y Papá) y cómo perciben nuestros hijos la profundidad de nuestro amor y apoyo incondicionales, aún mientras disciplinamos.  Algunas investigaciones de Willits y Crider (1989) sugieren que estar expuestos al razonamiento moral de los padres no es suficiente para influir en la forma de pensar de los adolescentes;  es indispensable la relación con ellos.  Nuestros “sermones” no son tan impactantes si no hemos tendido lazos de unidad con nuestros hijos.
  2. Rituales familiares. Rutinas diarias, semanales y anuales.  Estas prácticas deben tener prioridad en medio una vida llena de ocupaciones.  Incluyen tanto tiempos de recogimiento espiritual, como rutinas informales y divertidas integradas a la vida familiar cotidiana.
  3. Estilo de crianza. La manera que supervisamos y manejamos a nuestros hijos, nuestra personalidad y estilo en la interacción diaria con nuestros hijos, cómo los motivamos, animamos, monitoreamos, disciplinamos y dirigimos.
  4. Manejo del conflicto. Debemos conectar el conflicto con otras prácticas como la comunicación, para lograr honrar los principios de unidad y paz mientras trabajamos con oportunidades de crecimiento personal.

Todos deseamos que nuestros hijos desarrollen una relación personal con Jesús y que vivan la fe en su vida cotidiana.  Estas prácticas de sinergia familiar le ayudarán a transmitir un mensaje congruente por medio de todos los agentes que influyen en la cosmovisión del niño:  los principios y valores presentes en el hogar, la iglesia, grupos de amigos y escuela.  Esto inicia en casa con el principio de Lucas 6:40.

Padres, con Dios al timón de cada área de nuestras vidas ¡podemos lograrlo!  Como el apóstol Pablo escribió en Filipenses 4:13(RVR 1960), “todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”


Referencias

Boyatzis, C. J., and D. L. Janicki. 2003. “Parent-child communication about religion: Survey and diary data on unilateral transmission and bi-directional reciprocity styles.” Review of Religious Research.

Dudley, R. L., and Wisbey, R. 2000. “ e relationship of parenting styles to commitment to the church among young adults.” Religious Education 95(1).

Gunnoe, M. L., and Moore, K. A. 2002. “Predictors of religiosity among youth aged 17–22: A longitudinal study of the national survey of children.” Journal for the Scienti c Study of Religion.

Lee, J. W., G. T. Rice, and V. B. Gillespie. 1997. “Family worship patterns and their correlation with adolescent behavior and beliefs.” Journal for the Scienti c Study of Religion 36(3).

Willits, F., and D. Crider. 1989. “Church attendance and traditional religious beliefs in adolescence and young adulthood.” Review of Religious Research 31(1).


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