//Irreemplazables…¿realmente?

Irreemplazables…¿realmente?

Por Estuardo Salazar Gini

Películas como Terminator (1984- 2015), Matrix (1999-2003), y Yo, Robot (2004) nos muestran con escalofriante realismo un mundo en el cual las máquinas han reemplazado virtualmente a los humanos. Por su alto poder de inteligencia artificial, estas máquinas incluso se han rebelado y amenazan con destruir a la humanidad.

Este escenario de ciencia ficción ya empieza a hacerse realidad en algunas empresas donde cientos de personas han quedado desempleadas debido a la robotización y automatización de tareas que antes requerían mano de obra humana.

¿Llegará a suceder esto con la profesión docente?

Varias voces predicen la eventual desaparición de los centros escolares tal como los conocemos. Un día—afirman estos expertos futuristas—los niños ya no tendrán que trasladarse hacia una escuela para poder recibir la educación que necesitan. Esto ya está sucediendo con programas como Khan Academy  y sistemas educativos a distancia, en donde la presencia física de un profesor se ha hecho innecesaria. Todo apunta a que ser docente de aula llegará a ser una profesión obsoleta y en peligro de extinción.

¿En serio? ¿Ese es el futuro que nos espera?

Lo que es cierto para otras industrias como la fabricación de bienes de con sumo o el procesamiento masivo de datos no es necesariamente cierto para el campo de la educación. La interacción humana es un componente inherente al mero hecho educativo. ¡La despersonalización de los procesos educativos es contraria al diseño perfecto de Dios! Tanto Jesús como Pablo afirman—y respaldan con su mismo ejemplo—la incomparable influencia de un maestro en dinámicos procesos de mentoría y discipulado (Jn. 6:68; 2 Tim. 2:2).

Sin un docente de por medio puede haber transferencia de información, pero no educación. Solamente modelando lo que se enseña y teniendo una interacción viviente entre maestros y aprendedores se logra eficaz transferencia de vida y no simple aprendizaje. La educación contemporánea con su modelo constructivista resulta ser mucho más deshumanizante que los modelos educativos anteriores.

A diferencia de los humanos que han creado máquinas para la más eficiente realización de determinadas tareas, Dios creó al ser humano con fines bien definidos en Génesis y otros pasajes de  la Escritura: multiplicarse y llenar la tierra; señorear sobre toda la creación; amar a Dios y a su prójimo; anunciar el evangelio a toda criatura; hacer discípulos a todas las naciones. La humanidad se rebeló contra estos propósitos y ahora está negando su misma identidad como seres creados a imagen y semejanza de Dios, varón y mujer. ¡No nos extrañe que ahora el hombre anticipe la rebelión de las máquinas, creadas a imagen y semejanza de sí mismo!

No nos inquietemos por las voces que buscan minimizar el rol de los docentes en los procesos educativos. ¡Los educadores cristianos sabemos y afirmamos que somos irreemplazables! Aun si otras escuelas reemplazan a los docentes por la pantalla de un ordenador, las escuelas cristianas seguiremos afirmando que ninguna máquina, programa informático o sistema basado en inteligencia artificial podrá sustituir al docente de carne y hueso. Solamente un pecador, redimido por la sangre de Cristo y lleno del Espíritu Santo posee la sabiduría para ministrar la mente, el alma y el corazón de sus estudiantes.

En educación muchas cosas pueden y deben cambiar. Metodologías y contenidos curriculares están sujetos a cambio e innovación. Pero la presencia—real o virtual— de un maestro en contacto viviente con sus alumnos ¡es irremplazable!

¡Los educadores cristianos sabemos y afirmamos que somos irreemplazables!


Estuardo Salazar Gini, M.Ed. es el director Continental de ACSI Latinoamérica. Mentor, pastor y conferencista internacional sirviendo a la causa de la Educación Escolar Cristiana por medio de ACSI desde 1990.

2018-11-13T12:03:29+00:00

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