Desafortunadamente, las frases “Escuelas Cristianas”, “Escuelas Eficaces” y “Escuelas de Calidad” no son equivalentes. Como educadores cristianos deseamos tener escuelas calificadas, que sean eficaces para guiar a los estudiantes hasta convertirlos en estudiantes académicamente equipados y que respondan como discípulos del Señor Jesucristo. Para que las escuelas cristianas sean eficaces y de calidad se necesita el compromiso de los padres de familia, el liderazgo de la escuela, de cada maestro y de cada estudiante. Los compromisos tienen un costo –financiero, físico, espiritual y además, un costo en actitudes. En cuanto a la actitud, ¿Qué compromiso se requiere de los educadores cristianos que buscan ofrecer los mejores programas que les sea posible?

En su excelente libro “Lo que Funciona en las Escuelas: Trasladando la investigación en acción”, Robert Marzano (2003) identifica el compañerismo entre colegas y el profesionalismo como un factor significativo que mejora los logros del estudiante. Marzano, define estos términos como: “La manera en que los miembros de la escuela interactúan y la forma en que alcanzan su trabajo como profesionales” (Pág. 60). Esta definición no se refiere a la amistad entre maestros; de hecho, Marzano cita estudios demostrando que hay una correlación negativa entre el logro del estudiante y la cultura de amistad en el claustro de maestros.

El compañerismo entre colegas se relaciona con una auténtica interacción de profesionalismo; como algo constructivo, respetuoso y con un sentido de apertura por el cual los maestros están dispuestos a compartir entre ellos mismos sus errores, las fallas en la enseñanza y sus historias de éxito (Pág. 61).

Como explicación del concepto de profesionalismo, Marzano (2003, Pág. 63) cita investigaciones indicando que existe una creencia de que los maestros pueden aportar un cambio en su trabajo – dar un poco de optimismo a su realidad. Esto me recuerda el pasaje de Romanos 12, que incluye estas palabras: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes…” (v. 18, NVI).

Pero esta percepción de “puedo-hacerlo”, obviamente es más que una responsabilidad de cada maestro. Para los maestros, el hecho de mantener la energía proviene de la confianza de ser capaces de mejorar sus escuelas, es decir, su liderazgo necesita verlos como una parte crítica y valiosísima del equipo ministerial de la escuela. A pesar de tener un enfoque profesional sobre las demandas laborales establecidas, es de gran influencia la forma como somos tratados, aquí reitero lo dicho por el apóstol Pablo al decir: “en cuanto dependa de ustedes”.

Avanzar hacia la efectividad como escuelas implicará un riguroso enfoque en el trabajo-trabajo, que muchas veces no es internamente recompensado o estimulado. Alguien con autoridad te asigna un nuevo proyecto, y ya estabas sobrecargado con enormes cantidades de trabajo. ¿Cuáles son tus pensamientos, sentimientos, o acciones iniciales? El nuevo proyecto puede ser una tarea de acreditación, desarrollo curricular o alguna participación en una comisión especial de trabajo. No importa cuán necesario pueda ser, simplemente es más trabajo.

Nuestro desafío al enfrentarnos a grandes cantidades de trabajo que nos agobia y, posiblemente, hasta disminuya alguna compensación, es escoger una actitud que sea consistente con lo que sabemos que será lo mejor para los estudiantes y la escuela. En otras palabras decidimos pensar: “Mientras de mí dependa…”

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La efectividad de las escuelas depende de muchos factores como la visión, los recursos, el personal, las familias de la escuela y nuestras habilidades. Pero también depende de la actitud o del espíritu con el que trabajemos. La actitud si cuenta. En otras palabras, nuestra actitud tiene un impacto sobre los estudiantes y sobre la efectividad de nuestras escuelas.

La escalera de la responsabilidad es un modelo conceptual que ilustra una línea muy fina entre el éxito y el fracaso para alcanzar resultados. Podemos utilizar esta gráfica para ayudarnos a visualizar nuestras respuestas cuando seamos confrontados con nuevas demandas de trabajo, de tal manera que tomemos decisiones que honran a Dios.

La idea original de responsabilidad personal fue desarrollada por Roger Connors, Tom Smith y Craig Higman en el libro “El Principio de Oz: alcanzando logros sobre la responsabilidad individual y organizacional” (1998). Basándose en la analogía del “Mago de Oz” los autores rebuscaron y persiguieron la idea que la responsabilidad y la victimización son comportamientos que afectan el éxito. Una mentalidad de “víctima” es muy peligrosa para nosotros, tanto en lo personal como para nuestras escuelas. Puede contribuir al agotamiento y a reducir nuestra atención a las necesidades de los otros, puede ser usada para justificar la falta de acción, para tener una excusa ante la falta de eficacia o al tener un pobre desempeño.

La Escalera de la Responsabilidad es una forma de visualizar donde estamos y donde deberíamos estar al aceptar la responsabilidad por una tarea. Imagine una escalera inclinada contra lo profundo de una piscina. La parte más baja de la escalera está sumergida. Usted podría trepar la escalera y disfrutar de la vista o podría bajar y contener su respiración mientras se sumerge en el agua.

La línea del agua tiene suprema importancia. “Por encima de la línea” de acuerdo a esta analogía, están aquellos comportamientos que conllevan tomar responsabilidades y tareas de primera mano. Del otro lado se encuentra: “Debajo de la línea”, es decir, comportamientos que representan ser la víctima que se ahoga, se culpa o siente lástima de sí misma.

¿Seremos de los que aprenden para toda la vida, haciéndonos presión en la rutina diaria para desarrollar nuestros dones y maximizar nuestras oportunidades para darle gloria a Dios? Hemos sido llamados a la responsabilidad y a su sobrina muy cercana llamada “rendición de cuentas”. Cuando viene el trabajo extra, ¿Qué vemos primero? ¿Una posibilidad para crecer o una carga más?

El último peldaño de la Escalera está sumergido en lo profundo de la línea del agua, es la frase “No es mi culpa”. El problema no es si el evento o circunstancia es mi culpa. Pero muchas veces empezamos con este distante comentario para protegernos y evadir cualquier culpa. Si fuera la penosa condición del curso de nuestro currículo o el desorden en nuestro escritorio sabríamos que las palabras salen de nuestra boca en el momento exacto, pero la verdad es que esta respuesta no solucionará el problema. La negación es una solución muy pasiva. Más abajo de ese peldaño están los comentarios: “Yo no sabía”, “Yo no puedo”, “No es mi trabajo” y, “Sólo díganme qué hacer”. Estas actitudes no aportan crecimiento. Inevitablemente resultarán en algo menos que una excelente solución. Si tenemos estas actitudes negativas cerramos nuestra mentes a nuevas ideas, entendimientos más profundos y por ende, transferencia de nuevos proyectos y oportunidades.

Captura de pantalla 2016-01-19 a las 8.51.27 a.m.Los comportamientos “por encima de la línea” demuestran profesionalismo, optimismo y una actitud de aquellos que están dispuestos a ver lo bueno para los propósitos de Dios. Estos traba- jadores entienden la tarea asignada como la rea- lidad que deben enfrentar, la asimilan sin que se les mencione la necesidad de completar el tra- bajo y luego manejan las mejores soluciones y acciones con efectividad.

Cada año enfrentamos nuevas responsabilidades, trabajos extras y otras prioridades. La forma como abordamos estas tareas indicará nuestro profesio- nalismo, madurez y nuestro deseo de aprender

y crecer, esto indicará que podemos tener una actitud de … “Mientras de mí dependa”.

Podemos escalar por encima de la línea con una actitud de autodominio y responsabilidad para rendir cuentas, una actitud que nos permita ven- cer la inercia, las excusas y los prejuicios para alcanzar resultados que nos harán avanzar hacia un crecimiento profesional que mejore nuestros ministerios para su gloria

 

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La escalera personal hacia la responsabilidad

Adaptada del libro “The Oz Principle” (El principio de Oz) y de una presentación por J. Ann Fulken en la IFMA/ EFMA Conferencia para personal de Misiones en Orlando, Florida en diciembre de 1997. Desarrolle un plan de acción en base a sus respuestas a las siguientes preguntas. Con el propósito de ayudarle a ascender por la escalera de la responsabilidad le sugerimos que lo comparta con alguien más.

  1. Cuando me enfrento a una obligación mayor, ¿Es mi tendencia operar por debajo de la línea o por encima de ella?¿Parecen estar mis acciones en los dos lados, por arriba y por debajo de la línea? ¿Qué ejemplo puedo identificar en mí mismo acerca de ser la víctima o tomar la responsabilidad?
  2. ¿En qué áreas o situaciones me siento por debajo de la línea?
  3. ¿Tiendo a verme como la víctima de las circunstancias o domino las circunstancias tomándolas con la actitud pertinente? ¿Cuáles son algunos ejemplos de mi actitud?
  4. ¿Qué tan consistente soy al luchar por encontrar que más puedo hacer para alcanzar resultados?
  5. ¿Qué indicadores demuestran mi iniciativa para hacer todo lo posible por resolver los problemas? ¿Existen situaciones en las que me encuentro atrapado o agobiado por los problemas?
  6. ¿Durante los últimos 6 meses he tenido que rendir cuentas de mis actitudes y he actuado de manera responsable? ¿De qué manera podría hacerme más responsable acerca de los resultados de mi trabajo?
  7. ¿Qué acciones puedo tomar para demostrar mi responsabilidad con una actitud que este por encima de la línea de mi responsabilidad?
  8. ¿Qué puedo hacer para mantenerme sobre la línea de la responsabilidad?

Referencias

Connors, Rogers, Tom Smith, and Craig Hickman, 1998. The Oz Principle. Getting results through individual an organizacional accountability. Upper Sadle River, NJ. Prentice Hall.

Marzano, Robert J. 2003. What Works in schools? Translating research into action, Alexandria, VA; Association for Supervisión and Currículum Development.


 

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