Extracto del libro Teaching Redemptively por Donovan L. Graham. Próxima publicación de Pur- poseful Design Publications. ACSI Latinoamérica 2013.

Los maestros, obviamente, desempeñan múltiples funciones. Sin embargo, el impacto en la educación también nos obliga a examinar las funciones que cumple un redentor. Por lo tanto, comenzamos nuestra mirada a estas funciones examinando a Jesús como un maestro.

Jesús, nuestro modelo

Cuando usamos a Jesús como modelo, necesitamos hacer frente a la diferencia entre su naturaleza divina y la naturaleza humana de los seres humanos. Sin duda alguna, podemos ver que Jesús tenía una habilidad sobrenatural de saber qué había en la mente de las personas, y fue justo en la manera cómo responderles. Sin embargo, no podemos simplemente descartar todo acerca de Jesús como maestro solo porque Él era Dios y nosotros no. Si nos jamos detenidamente en Sus prácticas, veremos que están en línea con la idea bíblica. Es por ello que podemos aprender mucho de Su ejemplo como maestro.

Jesús enseñó con autoridad

Las personas que escucharon y vieron a Jesús notaron que Su enseñanza era muy diferente a la de los demás porque enseñaba con autoridad (Mateo 7:29). Él sabía lo que estaba ha- siendo y lo hizo sin vacilar. Su autoridad no era algo que tomó para Sí mismo; Sin embargo, le fue dada por el Padre (Mateo 28:18). Debido a que Jesús pasaba mucho tiempo en oración con su Padre (Marcos 1:35), podía discernir la voluntad del Padre y utilizar Su autoridad correctamente.

A diferencia de otros líderes, Jesús no hizo uso de su autoridad para “enseñorearse” de las personas. Jesús fue un siervo, y un siervo sufriente. Las personas validaron Su autoridad a través de la forma en que Él les sirvió (Mateo 20:28). Él se entregó sin descanso a las personas y respondió a sus necesidades sin comprometerse Él mismo ni comprometer la verdad de Dios. Jesús nunca les abandonó, al igual que un pastor que vigila constantemente y se preocupa por sus ovejas (Salmos 23).

Las personas respetan la autoridad de un líder que tiene una relación con sus seguidores. Esta calidad de “líder-servidor” permite el uso de la propia autoridad para influir en los demás con lo que deben hacer y creer. Sin ella, el ministerio de Jesús no habría sido más eficaz que el de los otros maestros de Su tiempo, como los fariseos quienes simplemente decían a los demás cómo comportarse y qué creer. Al igual que Jesús, los maestros deben validar su autoridad a través de su servicio.

Jesús vivía lo que enseñaba

Está claro que no hay conflicto entre lo que Jesús dijo y la manera en la que Él vivió. Él podía decir que Él era la verdad que enseñaba (Juan 14:6), añadiendo así integridad a la autoridad. Sin integridad, la autoridad tiene poco valor cuando trata de influir en las creencias y estilo de vida de otros.

Una de las quejas principales de Jesús acerca de los otros maestros fue la hipocresía (Mateo 23:13-29), y esa hipocresía les hacía ineficaces para enseñar la verdad de Dios.

Jesús fue personal

Como maestro, nunca fue distante o mecánico. Su relación con Sus discípulos y con los que Él sanó, incluso en breves encuentros, era muy personal. La compasión y la ternura caracterizaron muchos de sus encuentros (Mateo 20:29-34). Incluso Sus reproches fueron el resultado del amor (Apocalipsis 3:19). El escritor de Hebreos nos recuerda que esta es la naturaleza de la disciplina de Dios (Hebreos 12:5-6). Jesús se involucró profunda y personal- mente en la vida de aquellos a quienes conoció, en especial de quienes le seguían. Su mensaje era poderoso y cambió la vida de las personas, pero tal cambio solo sucedió (y todavía sucede solamente) a través de un encuentro personal con Jesús. Conocerlo personalmente es aún la única forma para que nuestro corazón permanezca unido a la verdad y al Autor de esa verdad. El mensaje sin la persona es inútil y, por lo tanto, el mensaje viene vinculado a quien lo proclama (Juan 14:6).

El estilo de interacción de Jesús satisfacía las exigencias de la situación. Jesús parecía ser un maestro por el hecho de adaptar su estilo de interacción a las necesidades de las personas y el contexto de la situación. Él no trató a todos y a cada situación de la misma manera. Cuando la persona y la situación exigía una respuesta tierna y compasiva, Él la tenía (Marcos 1:41, 6:34, 8:02 y Lucas 15:20). Cuando era necesario hacer preguntas para que las personas reacciona- ran respecto a su propio pecado o falta de entendimiento, Jesús hacía las preguntas (Juan 3:10, Lucas 5:22-23, Marcos 3:4). Él era capaz de expandir el pensamiento de sus oyentes utilizando ejemplos e ilustraciones con las cuales ellos podrían estar relacionados personalmente (Mateo 18:23- 35, Lucas15:4-7).

En algunos casos, se requirió una reprimenda personal (Mateo 8:26, 16:23). Cuando la situación lo exigía, Él pronunciaba un discurso en lugar de un diálogo, aunque esto no sucedió muy seguido (Ma- teo 5-7). Su capacidad para adaptarse a cada situación era importante en Su efectividad como maestro.

Por ello, los maestros deben seguir el ejemplo de Jesús. Siempre están atentos a lo que las ovejas están haciendo y están profundamente involucrados en su cuidado. Su única preocupación es por sus ovejas y su amor no le permitirá tan fácilmente dejar que una oveja descarriada se vaya.

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