Un nuevo paradigma de la evaluación como herramienta de formación académica y espiritual

Por Steven y Joanna Levy

Lo que un centro educativo decide evaluar es propio de cada escuela y expresa lo que la comunidad escolar valora en los ámbitos de desarrollo académico, social, físico y espiritual. Lo que evalúas termina siendo aquello a lo cual tus alumnos le prestarán mayor atención. Pero la forma en que evaluamos conlleva implicaciones más sutiles e influyentes para nuestra identidad como hijos de Dios, porque influye en cómo los estudiantes se ven a sí mismos y a Dios.

Creemos que en medio de la complejidad de los diferentes tipos de evaluación— diagnóstica, formativa, sumativa, estandarizada, etc.—las palabras más importantes son las preposiciones ‘del’ y ‘para’. Definen el contenido y propósito de la evaluación. Reconocemos que hay un lugar para ambos tipos de evaluaciones en nuestras escuelas, pero cada una tiene implicaciones para el aprendizaje y la formación espiritual.

Evaluación DEL aprendizaje y su dimensión espiritual

La evaluación del aprendizaje (también llamada evaluación sumativa¹) es probablemente con la que estamos más familiarizados. Plantea la pregunta: “¿Manejan los estudiantes el contenido y las habilidades esperadas en este curso?” La evaluación del aprendizaje se entiende como “el proceso de recopilación e interpretación de evidencia con el fin de sumarizar el aprendizaje en un determinado momento, para hacer un juicio de valor sobre la calidad del aprendizaje estudiantil con base en los criterios establecidos, y para asignar un valor que represente esa calidad”.²  La evaluación sucede después de que haya ocurrido el aprendizaje. La función del maestro es principalmente administrar la prueba cuidadosamente, informar a los padres o las autoridades educativas y, en algunos casos, crear las evaluaciones. En muchos países, las escuelas deben guiarse por los estándares nacionales.

Necesitamos imaginar cómo es la experiencia de aprendizaje de los estudiantes cuando la evaluación del aprendizaje es el método predominante para medir el desempeño estudiantil. El alumno estudia todo en el libro de texto y sus notas, esperando que este sea el material que se incluya en la prueba. No hay forma de saberlo con certeza. Los estudiantes toman la prueba, y se les devuelve, las respuestas incorrectas se marcan en rojo. El estudiante da un suspiro de alivio si el puntaje es aceptable; y si no es así, destruye la prueba y la arroja a la basura. No hay redención posible. “Simplemente no soy bueno en matemáticas”, susurra la voz de la vergüenza en su mente abatida. En contraste, la voz de la vanidad exclama “¡Eres un genio!” Ambos resultan en lo que Carol Dweck llama una mentalidad estática, que sostiene que todos somos buenos para algunas cosas pero no en otras, y no hay nada que podamos hacer para cambiar eso.³ 

¿Qué aspectos del carácter de Dios comunica una distorsionada evaluación del aprendizaje? ¿Cómo se afecta la manera en que entendemos nuestra relación con el Creador? Dios (el anónimo evaluador de algún temible examen) es el “Juez cósmico” observando y calificando nuestro desempeño. No estamos exactamente seguros de lo que va a incluir la prueba–¡probablemente todo! Estamos frente a él, temblando el día del examen final. “Oré, fui a la iglesia e incluso serví en una escuela cristiana. Me esforcé por diezmar. Es cierto que me divorcié, pero antes de ser cristiano, así que ¡quizás no fue tan malo! ¿Habréleído suficientemente la Biblia? Nunca visité a nadie en prisión y generalmente ignoré a las personas sin hogar. ¿Y toda esa gente con la que nunca compartí el evangelio? ¡Pero acepté a Jesús como mi Salvador personal! ¡Espero que eso baste! Entonces… ¿saldré aprobado o reprobado? El examen es así. Apruebas o repruebas.

Ahora preguntémonos, ¿qué motiva a los estudiantes a hacer su trabajo en el sistema de evaluación del aprendizaje? ¡Las calificaciones! Los maestros podemos anticipar la respuesta a coro que a menudo sigue a cualquier tarea asignada: “¿Tendrá calificación? ¿Estará incluido en el examen? ¿Qué tengo que hacer para obtener una buena nota?” El premio esperado en la evaluación del aprendizaje es una buena calificación. Aunque queramos evitar esta obsesión con las calificaciones, una tarea que demora en calificarse es percibida por los estudiantes como indiferencia y es fuente de ansiedad. ¿Existe una correlación entre esa obsesión por obtener buenas notas en la escuela e intentar ganarse el favor de Dios a través de buenas obras? No estamos sugiriendo eliminar las calificaciones, sino más bien crear una cultura que funcione con motivaciones correctas, no incentivos temporales. Aplicadas de manera sabia, las calificaciones son la consecuencia natural a nuestro trabajo, no la razón de ser. La evaluación del aprendizaje tiende a crear un sistema que básicamente se ejecuta en el esquema conductista de Skinner, buenas calificaciones = premios, elogio de los padres, reconocimientos, etc. o malas calificaciones = castigos, cursos de recuperación en vacaciones, sanciones de los padres, etc. La evaluación debe más bien ayudarnos a crear una cultura de motivación intrínseca, donde la curiosidad de aprender algo nuevo sobre el mundo, descubrir a Dios en él, o simplemente encajar otra pieza en el gran rompecabezas de la Creación son suficientes incentivos. Queremos construir una cultura con una mentalidad de crecimiento en lugar de una mentalidad estática, donde “si trabajo duro puedo mejorar”; “si cometo un error, puedo aprender de ello”. La evaluación para el aprendizaje aborda este desafío.

Evaluación PARA el aprendizaje y su dimensión espiritual

La evaluación para el aprendizaje (también llamada evaluación formativa) se acerca más al sentido original de la palabra “evaluación”. Sugiere la idea de revisar el trabajo del alumno, apreciando sus fortalezas e identificando maneras en las que podría mejorar. Sirve al propósito de promover el aprendizaje y se lleva a cabo mientras el estudiante está en ese proceso. Plantea la pregunta: “¿Cómo puedo usar la evaluación para mejorar el aprendizaje de los estudiantes?”

Según el Ministerio de Educación de Ontario, es el “proceso continuo de reunir e interpretar evidencia sobre el aprendizaje de los estudiantes con el propósito de determinar dónde están los estudiantes en su aprendizaje, a dónde deben llegar y cuál es la mejor manera de llegar allá”. Un componente importante de la evaluación para el aprendizaje es que los estudiantes se vean a sí mismos como aprendedores. (Algunos educadores se refieren a esto como evaluación como estrategia de aprendizaje). La evaluación para el aprendizaje alienta a los estudiantes a calcular con precisión su propio progreso y asumir la responsabilidad de su propio desarrollo.

Investigaciones demuestran la eficacia de la evaluación formativa para elevar el rendimiento académico estudiantil. Emplear la evaluación como estrategia de aprendizaje puede tener un efecto igual o mejor que la tutoría. ¿Cuál es la experiencia de aprendizaje de los estudiantes y qué transmitimos acerca de Dios cuando la evaluación para el aprendizaje es el método predominante de medición? Los estudiantes saben qué va a pasar en el examen porque los objetivos de aprendizaje están claros. Estudian enfocándose en esos objetivos. Toman el examen y el maestro lo devuelve con comentarios específicos sobre fortalezas y debilidades. Se analizan los resultados para identificar lo que es necesario para alcanzar el objetivo. Los estudiantes notan que algunos errores fueron por descuido, y otros fueron cosas que no habían comprendido. Al obtener ayuda con los conceptos que no entendieron, y ser más cuidadosos al responder, ¡los estudiantes logran el éxito deseado!

En medio de la evaluación para el aprendizaje nos encontramos con un Dios que nos instruye, nos enseña y nos aconseja con amor en el camino que debemos seguir. Dios está con nosotros paso a paso, perdonando, corrigiendo, alentando, presentando pacientemente la lección de una nueva manera hasta que la dominemos. Él nos llama a ser reflexivos y a participar plenamente en este proceso como hijos e hijas. En la evaluación para el aprendizaje, el fracaso invita al crecimiento, no a la auto-condena y la vergüenza. En nuestra vida espiritual, el fracaso puede producir una profunda humildad que nos conduce a una mayor dependencia de un Dios misericordioso que no condena, sino que brinda oportunidades de crecimiento.

Estrategias sugeridas

1. Proporcionar una visión clara y comprensible del objetivo de aprendizaje. Cuando Dios nos instruye, el “objetivo de aprendizaje” es muy claro. Piensa, por ejemplo, en el fruto del Espíritu en Gálatas 5:22-23. Estos son “objetivos de aprendizaje” para llegar a ser como Cristo.

2. Enseñe a los estudiantes a autoevaluarse y establecer metas. Dios nos llama a examinarnos a nosotros mismos y ver si hay “algún pecado en nosotros”. Y Pablo describe el objetivo para cada devoto seguidor de Jesús: “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Fil. 3:14 RVR)

3. Diseñe lecciones para enfocarse en una habilidad, concepto o estrategia a la vez. Dios generalmente trabaja de esta forma. Tratar de mejorar demasiadas cosas a la vez por lo general resulta en no mejorar en nada. Dios nos permite practicar una y otra vez, poniéndonos en situaciones similares hasta que recibamos la gracia necesaria para mejorar.

4. Use la información de la evaluación para refinar el currículo y guiar la instrucción. La instrucción de Dios está sabia y amorosamente adaptada a lo que cada uno de nosotros necesita. En el Salmo 32:9 (NVI), Dios dice: “Te instruiré y te enseñaré en el camino que debes seguir; Te aconsejaré con mi ojo amoroso sobre ti”.

  1. Aunque el término “sumativo” no se encuentra en el diccionario de la Real Academia Española, es el adjetivo que más se utiliza en el medio educativo para referirse a lo que se conoce como “evaluación acumulativa”.
  2. Ontario Ministry of Education, Assessment, Evaluation and Reporting in Ontario Schools, (2010), p. 144
  3. https://www.aacu.org/sites/default/files/files/ild/symonette.makeassessmentwork.dweck_.pdf

Steven Levy ha pasado 27 años en el aula y 20 en consultoría para Expeditionary Learning, una organización educativa en pro del equipamiento de docentes. Ahora es miembro del Centro para el Avance de la Educación Cristiana (CACE, por sus siglas en inglés), Ha escrito varios artículos para revistas educativas, y su libro, Starting From Scratch, cuenta historias de sus aventuras en el aula.
Joanna Levy es directora de New Covenant School y ha enseñado allí durante más de 25 años. Le apasiona alentar a los maestros en su creatividad, crecimiento espiritual y alegría en el arte de la enseñanza.
2018-10-15T10:53:56+00:00

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