Recibirlos bien: el reto de acompañar docentes extranjeros en una escuela cristiana

3 de septiembre de 2026 por
Recibirlos bien: el reto de acompañar docentes extranjeros en una escuela cristiana
ACSI ANDINA, Edgar Patiño
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La experiencia testimonial de Beth Afanador, rectora (1992-2025) de El Camino Academy, escuela acreditada por ACSI,  muestra que contratar docentes extranjeros exige mucho más que gestionar una visa: requiere propósito, estructura, hospitalidad, comunidad y amor integral.

Por ACSI Latinoamérica  


•  Formación docente y liderazgo educativo


Una llegada que comienza mucho antes del aula


El avión aterriza en Bogotá. Al otro lado de la puerta de llegadas espera alguien del colegio, quizá acompañado por una familia de la comunidad. El nuevo docente trae dos maletas, un título profesional, expectativas, algunas preguntas y, probablemente, una idea todavía incompleta de la vida que está a punto de comenzar.


En pocos días tendrá que pararse frente a un grupo de estudiantes. Pero antes deberá aprender otras lecciones: cómo movilizarse por una ciudad desconocida, usar un cajero, conseguir una cita médica, reconocer los alimentos del mercado, entender un contrato de arrendamiento o explicar que el internet de su apartamento dejó de funcionar. Tal vez nunca haya usado transporte público ni vivido en una ciudad tan grande. Tal vez el espacio que ahora llama hogar sea apenas una fracción del que tenía en su país.


Estas escenas forman parte de la experiencia que esta educadora norteamericana acumuló durante más de tres décadas como rectora de El Camino Academy. Su relato no idealiza la contratación de docentes extranjeros. Habla de visas que se demoran, documentos difíciles de conseguir, diferencias culturales, viviendas, emergencias, rotación y horas de acompañamiento. Sin embargo, también habla del valor que estas personas pueden aportar cuando llegan a una institución que sabe por qué las recibe y está dispuesta a hacerles un lugar verdadero en su comunidad.

Ese parece ser el primer aprendizaje: la llegada de un docente extranjero no comienza el día en que entra al salón. Comienza mucho antes, cuando el colegio decide qué busca, para qué lo busca y qué responsabilidades está dispuesto a asumir.


Contratamos más que  un “idioma”


Para algunos colegios, el interés por vincular extranjeros nace de una necesidad concreta: fortalecer el inglés de sus estudiantes. Es una aspiración legítima, pero insuficiente para orientar todo el proceso. Ser hablante nativo no convierte automáticamente a una persona en un buen docente. Enseñar exige conocimientos, criterio pedagógico, manejo de aula, capacidad relacional y comprensión del proyecto educativo.


Por eso, la selección debe mirar más allá del pasaporte y la pronunciación. Importan el título profesional, la experiencia, la formación, la madurez, la flexibilidad cultural y la disposición para aprender. Para una escuela cristiana es fundamental la identificación con la fe y con el propósito formativo de la institución.


Beth explica que los candidatos —especialmente los más jóvenes— no preguntan únicamente por el sueldo. Buscan comunidad, propósito y una oportunidad de servicio. Quieren saber para qué vale la pena dejar su país y qué clase de huella podrían dejar en la siguiente generación. Esa conversación obliga al colegio a expresar con honestidad su identidad: no solo qué materias enseñará la persona, sino qué historia educativa está siendo invitada a compartir.


La convocatoria debe presentar con honestidad tanto la misión como las condiciones reales de vida y trabajo. La página web es la primera puerta del colegio: una sección clara en inglés, con las vacantes, los requisitos, la ciudad y el proceso de postulación, permite que el candidato empiece a discernir si ese lugar corresponde a su llamado.


El acompañamiento no termina con la visa


Conseguir al candidato es apenas el comienzo. La experiencia de El Camino Academy muestra la necesidad de iniciar los documentos mientras la persona todavía está en su país. Antecedentes, apostillas, títulos, traducciones o huellas pueden resultar más complejos y costosos cuando el docente ya se encuentra en Colombia. Los requisitos también cambian, y una solicitud inesperada puede detener un proceso completo o impedir la llegada de una familia.


La respuesta institucional no puede depender de la memoria de una sola persona ni de una carpeta que desaparece cuando alguien deja su cargo. Cada docente necesita un expediente organizado, un calendario de vencimientos y responsabilidades económicas claramente definidas. ¿Quién paga la visa? ¿Quién asume las traducciones y apostillas? ¿Qué incluye la vivienda? ¿Quién cubre el viaje inicial o un eventual regreso? Lo que no se acuerda por escrito termina convirtiéndose en confusión.


Sin embargo, el acompañamiento más exigente no siempre es el documental. Mrs. Afanador, como le decían en el campus,  considera indispensable que exista una persona del equipo dedicada a cuidar a los extranjeros. Alguien que conozca los procedimientos, pero que también pueda acompañar una cita médica, orientar un trámite, verificar que un documento esté listo antes de sacar al docente de clase o ayudarle a resolver una dificultad con la vivienda.


Ese cuidado no infantiliza al recién llegado: le ofrece un puente hacia la autonomía hasta que pueda desenvolverse con mayor confianza.


La adaptación ocurre en las dos direcciones


Cuando se habla de adaptación cultural, casi siempre se piensa en lo que el extranjero debe aprender: horarios, expresiones, comidas, normas sociales y maneras de relacionarse. Pero la experiencia de Beth introduce una corrección necesaria: los docentes nacionales también deben aprender.


Una comunicación directa puede interpretarse como dureza. La prisa por llegar a clase puede parecer falta de cortesía. Una manera diferente de saludar puede leerse como indiferencia. A su vez, el docente extranjero puede sentirse desconcertado por formas más indirectas de expresar una inconformidad o por expectativas relacionales que nunca fueron explicadas.


Si estas diferencias no se conversan, el ambiente se llena rápidamente de pequeñas críticas. Si se reconocen y se trabajan, pueden convertirse en una escuela cotidiana de humildad, escucha y gracia. La adaptación intercultural no consiste en decidir cuál cultura tiene la forma correcta de hacer las cosas, sino en aprender a interpretar al otro con generosidad.


Aquí la identidad cristiana deja de ser una declaración impresa y se vuelve una práctica. “Recíbanse mutuamente, así como Cristo los recibió a ustedes” (Romanos 15:7) no describe una cortesía superficial. Habla de abrir espacio, reconocer la dignidad del otro y disponerse a caminar juntos aun cuando las costumbres no coincidan.


Los docentes extranjeros también necesitan una inducción profesional seria sobre la filosofía educativa, el currículo, la cultura escolar, la relación con las familias, el manejo de aula y el desarrollo de cosmovisión bíblica integrada. Beth menciona el programa de Certificación Docente de ACSI como algo básico, disponible en inglés o español, como una ruta para crecer y construir un lenguaje común alrededor de la misión.


De compañeros de trabajo a comunidad


Los vínculos no aparecen por decreto. Se construyen alrededor de una mesa, durante una salida, en un retiro, en una conversación después de clase o en la celebración de un cumpleaños lejos de casa. Beth lo expresa con una intuición sencilla: “criticamos menos a las personas que hemos aprendido a conocer y apreciar”.


El Camino Academy invierte deliberadamente en crear comunidad. En sus actividades procura mezclar a nacionales y extranjeros, personal académico y administrativo, jóvenes y mayores. La diversidad no se deja distribuida en grupos paralelos; se crean oportunidades para que las personas compartan experiencias y descubran que pertenecen al mismo equipo.


Las familias también cumplen un papel difícil de reemplazar. Pueden recibir al docente en el aeropuerto, invitarlo a una comida, acompañarlo a conocer la ciudad, incluirlo en una celebración o evitar que enfrente solo una experiencia nueva. Muchas veces son las familias que hacen el cumpleaños especial. Para alguien que dejó a su familia a miles de kilómetros, esas acciones comunican algo que ningún paquete contractual puede ofrecer: aquí hay personas que saben mi nombre y se preocupan por mí.


Una red de familias anfitrionas permitiría que la hospitalidad fuera una expresión compartida, sin trasladarles las obligaciones del colegio. Los Consejos de Padres son claves para poner en práctica esos detalles. Romanos 12:13 lo dice con pocas palabras: “Practiquen la hospitalidad”. Los estudiantes también aprenden al ver cómo los adultos reciben al forastero, comparten su mesa y convierten la diferencia cultural en servicio.


El tiempo necesario para comenzar a pertenecer


Vincular docentes extranjeros implica una inversión alta de energía, recursos y confianza. Por eso Beth prefiere compromisos de al menos dos años. En su experiencia, el primero suele estar marcado por la novedad y el entusiasmo. Durante el segundo aparece una visión más realista del país, del colegio y de la vida cotidiana. Hacia el tercero, la persona puede alcanzar una comprensión más profunda de la institución, sentirse parte de ella y aportar con mayor solidez.


Por eso la rotación permanente resulta tan costosa. Cuando alguien se marcha al terminar su primer año, el colegio pierde la inversión de haberlo buscado, documentado, instalado, formado y acompañado; después, comienza otra vez el mismo ciclo.


Eso no significa retener a una persona a cualquier precio. Beth reconoce que un docente profundamente inconforme, aislado o resentido con el país puede terminar afectando al equipo y a los estudiantes. La permanencia saludable no se consigue únicamente con un contrato largo. Se cultiva con expectativas realistas, seguimiento cercano, relaciones significativas, formación y espacios en los que sea posible hablar honestamente de las dificultades.


También requiere cuidar a los cónyuges y a los hijos. Una visa que no se resuelve para un menor, una familia que no logra sostener sus viajes o un acompañante que no encuentra comunidad pueden definir la continuidad de un excelente docente. La unidad real de vinculación, muchas veces, no es el profesional aislado, sino su familia completa.


¿Está preparado nuestro colegio?


La experiencia de Beth no ofrece una fórmula idéntica para todas las instituciones. Un colegio que recibe a dos docentes no necesita la misma estructura que otro que acompaña a treinta. Pero ambos requieren claridad, orden y una convicción profunda: las personas no pueden ser tratadas como recursos importados para resolver una necesidad lingüística.


Antes de publicar una vacante internacional, conviene detenerse y preguntar:


• ¿Tenemos claro por qué buscamos docentes extranjeros y cómo contribuirán a la misión del colegio?

• ¿Quién los acompañará desde el proceso previo al viaje y durante sus primeros meses?

• ¿Están definidos por escrito los documentos, costos, beneficios y responsabilidades de cada parte?

• ¿Cómo prepararemos a nuestro equipo nacional para una convivencia verdaderamente intercultural?

• ¿Qué papel pueden asumir las familias en la acogida y la construcción de comunidad?

• ¿Qué formación recibirá el docente para comprender nuestra filosofía educativa cristiana y desarrollar cosmovisión bíblica integrada?


Recibir bien exige planificación, pero también una disposición espiritual. Significa reconocer que detrás de cada hoja de vida hay una persona que ha dejado un lugar conocido para servir en el nuestro. Significa acompañarla hasta que lo extraño empiece a ser familiar y hasta que el equipo pueda decir, con verdad, que ya no hay “los nacionales” y “los extranjeros”, sino una comunidad que aprende y sirve junta.


La presencia de docentes extranjeros puede enriquecer profundamente a una escuela cristiana. Pero esto sucede cuando dejamos de verlos como contrataciones aisladas y construimos a su alrededor un sistema de selección, legalidad, formación, hospitalidad, comunidad, cuidado y amor integral.

Porque recibir a un docente extranjero no consiste solamente en abrir una vacante. Consiste en abrirle un lugar en la comunidad.


“Recibir a un docente extranjero no consiste solamente en abrir una vacante. Consiste en abrirle un lugar en la comunidad.”


Nota editorial

Las experiencias relacionadas con visas, permisos de trabajo, voluntariado, plazos, contratación y obligaciones del empleador no constituyen asesoría jurídica. Los requisitos pueden cambiar y variar según la nacionalidad y el caso. Cada institución debe verificarlos directamente con la Cancillería, Migración y asesores especializados antes de tomar decisiones.


El equipo de ACSI Latinoamérica agradece a la rectora Vicky de Echeverry por provocar el encuentro fuente de este blog y a la inmensa generosidad de la muy amada Mrs. Afanador.


 

Desde su infancia, Beth Afanador soñaba con seguir los pasos de su padre y convertirse en educadora. Estudió Educación Primaria y Educación Cristiana en Wheaton College. Posteriormente, trabajó durante nueve años en un colegio internacional de Bogotá y obtuvo una maestría en Liderazgo Escolar. Estas experiencias fueron parte de la preparación que Dios utilizó para llevarla a servir e invertir su vida en El Camino Academy.


Durante más de 33 años, Beth lideró el equipo de El Camino Academy, acompañando el crecimiento de la institución sin perder de vista su propósito central: ayudar a los estudiantes a amar a Dios, servir a los demás y prepararse para asumir posiciones de liderazgo. Recientemente dejó la Dirección del colegio para asumir el cargo de Directora Asistente después de un ejemplar e inspirador proceso de sucesión en Rachel Jiménez.  Desde esta función continúa apoyando al equipo directivo y sirviendo a toda la comunidad educativa de ECA.


Beth está casada con Rafa Afanador, quien lidera la Fundación Internacional Maranata, organización responsable de tres centros de atención infantil, y Colombia Sin Huérfanos, iniciativa que anima a los cristianos a involucrarse activamente en la respuesta a las necesidades de los niños huérfanos y en situación de vulnerabilidad en Colombia. En su vida familiar, Beth disfruta especialmente compartir con sus hijos adultos y sus siete nietos, aun cuando la distancia los obliga muchas veces a mantenerse conectados desde lejos.




Recibirlos bien: el reto de acompañar docentes extranjeros en una escuela cristiana
ACSI ANDINA, Edgar Patiño 3 de septiembre de 2026
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